martes, octubre 17, 2017

PIRÓMANOS




En este octubre caliente de 2017, España arde tanto por su extremo Noroeste como por el Noreste.

En Galicia, pirómanos forestales se lanzaron a quemar los montes como posesos inconscientes, aprovechando las circunstancias de una fuerte y prolongada sequía, en combinación con fuertes vientos producidos al paso de la tormenta tropical “Ofelia” por la costa atlántica. Si bien el problema no es nuevo, ha sido el estallido de un problema socioecológico que se ha venido gestando durante las últimas décadas, en el que intervienen factores culturales, de propiedad del terreno, promoción de repoblaciones productoras a base de pinos y eucaliptos, economía ligada a los medios de extinción de incendios, etc. Un problema o un “melón” que no se ha querido abrir, afrontar o acometer a su debido tiempo, y los problemas nunca se resuelven solos con el mero paso del tiempo, sino todo lo contrario, siempre tienden a empeorar. Siguiendo con el símil de los incendios forestales, de todos es sabido que cuanto antes se llega a atajar un incendio más fácil es apagarlo.

Algo similar (otro “melón”), pero en el ámbito sociopolítico, está sucediendo en Cataluña, donde, tras décadas de “sequía” de diálogo y con vientos predominantes y sostenidos de gran inmovilismo político, auténticos “pirómanos sociales” han encendido los ánimos, las ilusiones, los miedos, las esperanzas y los sentimientos contrapuestos de gran parte de la población de un territorio. Es evidente que se debería haber actuado hace mucho tiempo, pero llegados a este punto, en mi opinión, habría que haber aplicado el mismo principio de los incendios forestales, es decir, la rapidez, cuanto antes se actué mejor, menos crece el incendio, menores son los daños, los costes y los riesgos, porque nos hemos tirado 4 meses de incertidumbre y tensiones crecientes, y eso tiene un precio económico y social importante. De manera irresponsable e inaudita, se ha jugando a ver quién aparece primero como el malo de la película, un patético y ridículo juego del gato y al ratón, de ver quién es la víctima y quién es el verdugo, para al final, después de marear tanto la perdiz, agotar y desesperar al conjunto de la ciudadanía, terminar aplicando lo que se veía venir como inevitable, esto es la aplicación del famoso artículo 155 de la Constitución.

Porque, vamos a ver, cuando las posturas están tan enfrentadas, el área de consenso o intersección es nula y el desafío a la legislación actual ha sido tan claro y evidente desde el primer momento, pienso que nos podíamos haber ahorrado todos estos meses de tensión e incertidumbre. Cuando un cargo público, como es el Presidente de una Comunidad Autónoma, sale en el telediario de las 21:00 horas diciendo abiertamente que no admite la autoridad del Tribunal Constitucional, perfectamente, al día siguiente, el Presidente Rajoy podría haberle enviado una carta similar a la que le envió el viernes 13 de octubre, preguntándole si se ratifica en su desobediencia a dicho Tribunal, como primer paso para aplicar el artículo 155. O sea, llegamos al mismo resultado pero mucho antes, sin la agonía de todos estos meses, dejando las cosas claras desde el principio, ya sabemos que la bronca y los follones iban a ser inevitables, de todas formas y se hiciese lo que se hiciese, porque es imposible contentar a todas las partes. De acuerdo, el problema no se va a resolver con la “varita mágica” del 155, pero, a estas alturas de la película, es lo que tocaba hacer.

No obstante, pase lo que pase, espero que todo evolucione y se desarrolle lo mejor posible, que a España se le pase pronto esta fiebre que ha hecho arder nuestras dos orejas, tanto la izquierda como la derecha, y que se vayan solucionando todos los problemas, en todas las partes de este agitado y conflictivo mundo que nos ha tocado vivir.

Resuena en el sombrero: “Bad Day”.- REM (Georgia(USA), 2006).

martes, octubre 03, 2017

PONERSE LAS PILAS DEL SOLAZ





Ayer pusieron una noticia sobre la incidencia del estrés en nuestros días, una situación que está haciéndose crónica, lo vemos como algo normal, propio de la condición humana en la sociedad actual, hasta el punto de que si no estamos estresados nos sentimos culpables y pensamos: “Quizá estoy perdiendo el tiempo, quizás podría hacer algo más, debo ponerme las pilas!”.

Una abuela se quejaba del apretado horario al que se somete a los niños, apuntándolos a un sin fin de actividades extraescolares, además de los deberes que tienen que hacer, con sus consiguientes trayectos en medio del intenso tráfico de las ciudades.

En una entrevista que le hizo Pablo Motos al actor Karra Elejalde, hace pocos días, le preguntaba: “¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?”. A lo que éste respondió: “Bueno, precisamente el otro día me encontré con un viejo amigo y me preguntó si hacíamos algo y le contesté: “La verdad es que vengo bastante cansado de unas intensas jornadas de grabación ¿Qué te parece si vamos a casa y nos tumbamos un rato en el sofá sin hacer nada?””.

A veces, la mejor forma de “ponerse las pilas” es cargándolas mediante momentos de sosiego, silencio, paz, relajación, reflexión, meditación… Personalmente, reivindico una palabra muy bonita que está totalmente en desuso: SOLAZ.

El avance de la sociedad, el progreso, ha consistido básicamente en lograr más tiempo libre para dedicar al ocio, para descansar, para que no todo sea duro trabajo de sol a sol. Por no hablar de uno de los tesoros de nuestra cultura mediterránea, como es la siesta. Pero resulta que, ahora que una mayoría de la sociedad disponemos de tiempo libre, nos empeñamos en buscarnos un sin fin de actividades, labores y trabajos alternativos para seguir agobiados.

Tampoco estoy diciendo que lo ideal sea estar el máximo tiempo que sea posible tumbado a la bartola, se puede descansar practicando un deporte, leyendo un libro, yendo al cine, tomando una caña con los amigos, saliendo a caminar por el monte, etc,… Siempre que lo hagamos porque nos apetece, con tranquilidad, sin prisa, sin agobios, porque surge, sin tenerlo todo planificado y apuntado en una libreta o en el móvil, otro aparatejo que dificulta bastante el descanso.

Parte del problema quizás esté en el propio lenguaje, ya que tendemos a utilizar palabras en negativo, tales como: No hacer nada, pasividad, conformismo, vagancia, pereza. Por lo que deberíamos cambiarlas por ideas positivas como: Necesario y merecido descanso, paréntesis para asimilar, digerir, reflexionar, meditar y recargar las pilas.

Dichosas pilas, dichoso anuncio del conejito ¡¡¡Que no somos máquinas, somos seres humanos!!!

Resuena en el sombrero: “Just Can´t Get Enough”.- Depeche Mode (Basildon (UK), 1980). Que la pongo porque está muy bien y sale el conejito famoso de las pilas, pero quizás, para ilustrar esta entrada, fuese más apropiado este otro tema de 1990: “Enjoy the Silence”.

martes, septiembre 26, 2017

PUEBLO NÓMADA / PUEBLO SEDENTARIO




A menudo se invoca al término “pueblo”, una palabra cuyo significado es un tanto difuso, ambiguo e indeterminado, porque “pueblo” no es lo mismo que el conjunto de la población que habita un determinado territorio. Una cosa es la gente y otra diferente el territorio, si bien es cierto que, desde hace muchos siglos, la relación entre personas y territorios viene implicando no pocos problemas.

Personalmente (no conozco ningún filósofo, pensador, antropólogo ni humanista que apoye esta teoría) he llegado a la conclusión de que, debido a su evolución como especie, el ser humano lleva en sus genes y en su psyche la vida nómada, por lo que no terminamos de adaptarnos correctamente al sedentarismo, si bien es cierto que ese estilo de vida conlleva grandes y atractivas ventajas y ha propiciado un enorme desarrollo científico, técnico y demográfico.

El hecho de que nos estableciéramos sobre un terreno para dedicarnos a cultivar la tierra y pastorear determinadas zonas, implicó tener que empezar a delimitar propiedades, medirlas, cercarlas, ponerles precio y defenderlas. Incluso, desde el punto de vista emocional y psicológico, surgió un fuerte apego a la tierra, pero no en sentido abstracto o espiritual, refiriéndonos a la “Madre Tierra”, sino un apego a nuestro terruño, nuestra finca, nuestro coto, nuestro pueblo, nuestra comarca, nuestra región, nuestro país, que, por supuesto, es muy distinto (siempre mejor), que el de los extranjeros, a quienes se mira con recelo y suspicacia, ya que son posibles invasores, o sea enemigos en potencia.

Los seres humanos nos hemos desarrollado con éxito en el planeta debido, básicamente, a dos capacidades o fuerzas contrapuestas: Por un lado está el espíritu solidario que promueve la colaboración y el trabajo en equipo; y por otra parte está el espíritu de lucha, la exaltación del guerrero que defiende a la tribu, al clan propio, frente a los demás. Es evidente que esta segunda faceta es la más negativa y la que resulta más problemática en la actualidad, y, en mi opinión, resulta obvio que el sedentarismo y el concepto de propiedad privada propician la prevalencia y continuidad de ese ardor guerrero, junto con el individualismo y el materialismo.

Actualmente, es evidente que la inmensa mayoría de las personas vivimos en “núcleos de población”, o sea en pueblos y ciudades, si bien cada vez existe una mayor movilidad, viajamos con frecuencia, ya sea por placer, por trabajo o por necesidad (huída de conflictos o catástrofes, refugiados como los de la foto de arriba), algo que debería acercarnos a nuestros valores humanos más genuinos y primigenios, forjados durante los miles de años de vida nómada, como son: la solidaridad, la colaboración, la generosidad y la hospitalidad, unos valores que propician una cultura en la que el forastero no es visto como una amenaza, ni como un enemigo en potencia, sino como una bienvenida fuente de noticias, de conocimientos y de nuevos genes (al objeto de evitar la consanguinidad y la decadencia genética). Pero, paradójicamente, resulta que no, que es todo lo contrario, les echamos la culpa de todos nuestros problemas a los inmigrantes, a los refugiados, a los turistas, a esos malditos extranjeros ¿Por qué? Sencillamente, porque nuestro primigenio “Homo sapiens nomadensis solidarius” ha sido enterrado por siglos de “ego” sobrealimentado por la abundancia generada en el seno de la vida sedentaria.

Otra consecuencia de los milenios de evolución como especie nómada, es nuestro intrínseco espíritu aventurero, muy relacionado con el espíritu de lucha, de hecho sería una buena manera de canalizar ese “ardor guerrero” de una forma más positiva y constructiva. Pero el aventurero que todos llevamos dentro se ahoga y se aburre sentado en el sofá de su casa, lo que a menudo nos mueve a emprender proyectos o acciones impulsivas, poco meditadas y que muchas veces chocan con la realidad o con los impulsos, deseos y aspiraciones de otras personas, lo que es fuente de no pocos conflictos y problemas.

Es tiempo de replantearnos nuestra forma de vida y nuestro modelo de desarrollo, es tiempo de reconstrucción.

Resuena en el sombrero: “Reconstrucción (el mejor momento)”.- Deluxe (Galicia (España), 2008).

lunes, septiembre 18, 2017

DEL "ÁUREA MEDIOCRITAS" A LA "MEDIOCRECRACIA"


En el año 23 a. d. C., Horacio escribió en sus “Odas” sobre el concepto poético de “áurea mediocritas” (dorado término medio, dorada medianía o moderación), una expresión latina que alude a la pretensión de alcanzar un deseado punto medio entre los extremos, un estado ideal alejado de cualquier exceso, mediante la justa medida de los términos opuestos, una especie de “nirvana” del hedonismo epicúreo, basado en conformarse con lo que se tiene y no dejarse llevar por las emociones desproporcionadas.

Sin embargo, paradójicamente, el hedonismo materialista, fomentado por el consumismo y el capitalismo actuales, parece llevarnos hacia un creciente desequilibrio consistente en una cierta “mediocrecracia” o el poder de los mediocres.

El afán por abaratar costes fomenta que se oferten al mercado productos mediocres de baja calidad, con los que parece conformarse una mayoría de la población, con la excepción de las elites privilegiadas, lo que conduce a una progresiva desigualdad social, ya que la inmensa mayoría de la población tiende a igualarse por abajo, mientras que los más ricos cada vez exigen caprichos más caros, selectos y exclusivos.

Todo se convierte en un producto de consumo, incluida la educación, el deporte, el arte, las carreras profesionales y la política. La oratoria y la dialéctica se han transformado en verborrea y demagogia, la democracia deriva hacia el populismo. El rigor y la razón han dejado paso a la inmediatez y la opinión de cada momento, más o menos dirigida por el albur de las modas, los gustos, las tendencias, lo “políticamente correcto”, las emociones en su concepción más superficial, variable y volátil. Una inmediatez de las emociones y los impulsos a la que nos hemos hecho dependientes, y no sólo de los típicos placeres mundanos, sino que incluso hay personas que se han hecho adictas a la indignación y al victimismo.

Hemos perdido virtudes como la paciencia, la serenidad y la reflexión que nos conducen a la verdadera sabiduría ¿Por qué?

La causa hay que buscarla en que nos hemos alejado de nuestro “verdadero ser”, hemos caído en el autoengaño del “ego”, porque el capitalismo y la sociedad actual se basa fundamentalmente en la continua y desmedida alimentación de nuestros egos que crecen y crecen sin parar hasta que, inevitablemente, terminan chocando entre sí y con la realidad de la Naturaleza, tanto la del mundo en el que vivimos como con nuestra propia naturaleza humana, porque en realidad no somos así, no somos esos “niños pijos”, exigentes, intransigentes, llorones y quejitas, somos seres luminosos, con una enorme capacidad de raciocinio, de amor y de colaboración para autorrealizarnos y para realizar acciones (pequeñas, medianas y grandes) que realmente mejoren el mundo ¡Disfrutemos y aprovechemos todo nuestro potencial humano!

Resuena en el sombrero: “Human”.- The Human League (Sheffield (UK), 1986).
Ni más ni menos”, así se rotulan los platos de la balanza que pesan pecados y virtudes en el cuadro “Finis Gloriae Mundi” (arriba) que pintó Juan de Valdés Leal para el Hospital de la Caridad de Sevilla en 1672.

lunes, agosto 07, 2017

TRANSMISIÓN DE IDEAS VS SEDUCCIÓN



Algunos antropólogos postulan que el desarrollo del lenguaje y de la música en el ser humano tiene ciertas similitudes con la forma en la que evolucionó el canto de las aves. Se originó como una forma de señalización del territorio, autoproclamación identitaria, demostración de fuerza, destreza y vigor, todo ello en relación con el cortejo o ritual de apareamiento. Posteriormente, también se utilizó como una forma de comunicar información de una índole más variada, quizás con unas finalidades más altruistas y solidarias, en relación a los demás congéneres, tales como: alarma o aviso de un peligro, abundancia de alimento, cohesión de los integrantes del bando, etc. Si bien, podría entenderse que la finalidad inicial, relacionada directamente con la selección natural de los mejores, para que sean éstos quienes pasen sus genes a la siguiente generación, es algo que, igualmente, va en beneficio del conjunto de la especie.

Pero claro, cuando hablamos de seres humanos el concepto de lo que se considera “natural” no es tan sencillo y depende de numerosos factores, ya que lo humano, por definición, siempre está impregnado de cierta “artificialidad”. Lo que quiero decir o preguntarme es ¿Cuál es la finalidad fundamental de nuestros actos? ¿Hasta qué punto hacemos las cosas por sí mismas, porque consideramos que es lo mejor (para el grupo?), o las hacemos principalmente para nuestro lucimiento personal, para seducir a los demás, ya sea consciente o inconscientemente?

Es evidente (por redundante) que todos nos sentimos atraídos por lo atractivo, pero la palabra “atracción” se diferencia de la “seducción” en un sutil matiz que tiene algo que ver con las palabras “engaño” y “embelesamiento”, es decir, tiene una cierta connotación negativa.

Hay que ser justos, sinceros y realistas, es perfectamente lícito, lógico y normal que nuestras buenas obras e ideas sean reconocidas e incluso elogiadas y premiadas, en eso se basan las retribuciones por los denominados “derechos de autor”, no tiene por qué haber nada malo en ello, salvo que traspasemos la raya moral delimitada por la dependencia, la exigencia y los reproches, es decir cuando nos veamos dominados o esclavizados por el “ego”. Tan negativo es un descontrolado egocentrismo y autobombo, como caer en una falsa modestia, o el tratar de aparentar ser lo que no somos.

Está muy bien autovalorarse y saberse vender, aunque, a veces, la línea que lo separa de la publicidad engañosa, puede ser muy fina.

Otra pregunta que me surge es la siguiente: Si en la Naturaleza todo está encaminado a la selección de los mejores ¿Por qué, tras varios milenios de evolución humana, no vivimos en un mundo perfecto? ¿Por qué algunos tipos de mal o determinados personajes malvados nos resultan atractivos?

La atracción que sentimos por el mal es un síntoma de que determinadas formas de mal, de negatividad y de descontrol del “ego” han tenido éxito en el mundo, y lo exitoso atrae.

Por lo tanto, al final, lo importante no es lo que nos motiva a actuar, sino que, sea cual sea la razón que nos mueve a hacer cosas, vayamos siempre en la dirección de reforzar lo positivo, los valores más nobles, lo que nos une en lugar de lo que nos separa, el bien común.

Todo este razonamiento ha sido motivado tras escuchar dos canciones en la radio, mientras conducía, a cargo de dos atractivas voces femeninas y plantearme la pregunta ¿Cuál será la voz femenina más sexy de cuantas ha habido en la historia de la música popular? Dichas canciones que resuenan hoy en el sombrero, son estas:

Est ce que tu le sais” de Sylvie Vartan (París, 1962), versión del “What´d I Say” del gran Ray Charles.

Vestido de bolero” de Nana Caymmi (Río de Janeiro, 1997).

Sí, ya sé que es un poco tópico que estén cantadas en francés y en brasileiro, y quizás tampoco es casualidad que ambas intérpretes hayan estado casadas con sendas estrellas de la talla de Johnny Hallyday (en la foto de arriba junto a Sylvie) y Giberto Gil, respectivamente.

¿Qué otras cantantes se os ocurrirían a vosotros?

sábado, marzo 25, 2017

EL LOBO, EL GRAN PROSCRITO




Todos conocemos a Luis Miguel Domínguez por sus reportajes y programas de la tele, ese naturalista que recuerda en su forma de hablar al gran Félix Rodríguez de la Fuente, por su elocuencia y entusiasmo. Gracias a esa fama, podría vivir cómodamente, pero también ha heredado del maestro Félix su compromiso con la Naturaleza y con una especie animal en particular, el Lobo ibérico, capaz de generar una gran polémica a su alrededor, motivo por el que Luis Miguel ha llegado a recibir amenazas de muerte. Aún así, su valentía y determinación le ha llevado a crear, junto a un grupo de amigos, la asociación “Lobo Marley”, que persigue la inclusión del Canis lupus signatus en el Catálogo de especies estrictamente protegidas en España, como primer paso para conseguir un nuevo modelo de desarrollo rural en toda Europa.

Ciertamente, el lobo no es una especie más, tiene un papel fundamental en los ecosistemas, pero también la facultad de reflejar todas nuestras contradicciones, nuestros miedos, complejos y defectos. Representa el lado más salvaje e indómito de la Naturaleza, es el antepasado del perro que se negó a ser domesticado, no deja de ser paradójico que el pariente más cercano de nuestro mejor amigo haya sido considerado nuestro peor enemigo, el único animal que ha osado desafiar nuestro dominio, nuestro único competidor en los bosques de la vieja y poblada Europa.

Luis Miguel nos contó en la charla que dio en el salón de usos múltiples del Ayuntamiento de Logroño, organizada por “Amigos de la Tierra en La Rioja” ayer 24 de marzo, un hecho que refleja muy bien lo especial y desconcertante que es este gran superpredador que, normalmente, vive en manadas y ahuya, pero que también es capaz de pasar totalmente desapercibido durante años, incluso criando no muy lejos de nuestras casas.

El lobo es el incómodo pepito grillo que se esconde en el lado más profundo y ancestral de nuestra mente, recordándonos con su mera presencia lo mal que estamos ejerciendo nuestro papel dominante en la Naturaleza, lo ineficiente e injusto del sistema que hemos creado, no sólo para el medio ambiente y el resto de los seres vivos, sino para con nuestros propios congéneres, recordemos la famosa alocución latina “Homo homini lupus” (el hombre es el lobo del hombre).

El lobo es un animal polémico que consigue exacerbar nuestras tensiones y la división existente entre el mundo rural y el mundo urbano. Luis Miguel nos abre los ojos en este sentido y nos muestra lo envenenado, interesado y negativo que es ese cisma artificial creado entre la ciudad y el campo, entre el valle agrícola e industrial versus la sierra silvestre y ganadera. No amigos y amigas! No debemos caer en esa trampa! El lobo representa a Iberia entera, es un tesoro natural que trasciende a todas nuestras luchas rastreras entre torpes miopes y a todos nuestros conflictos de intereses egoistas y a corto plazo.

Preguntado sobre si no cree que se debe realizar cierto control poblacional del lobo, Luis Miguel explicó que la eliminación de los individuos alfa puede desestructurar las manada y producir el efecto inverso al pretendido incrementando el número de ataques y daños al ganado doméstico. El lobo no mata ovejas todos los días, el “ánima”, el alma de este animal le impulsa a desarrollar su potencial, a ejercitar plenamente sus facultades lobunas, necesita cazar presas silvestres en equipo, superar retos dignos de su estatus de gran superpredador.

La presa ideal del lobo es el corzo, si comparamos el mapa de distribución de ambas especies comprobaremos que prácticamente se superponen. El desarrollo experimentado durante las últimas décadas de las poblaciones de caza mayor es lo que ha propiciado la recuperación y expansión del lobo, que estuvo al borde de la extinción en los años 70, refugiado en la frontera entre Zamora y Portugal, por lo que actualmente es una especie frágil genéticamente y, por lo tanto, vulnerable y amenazada.

El lobo estructura el territorio simplemente con su presencia, con estar, no necesita cazar ni matar, basta con que asome sus orejas por encima de una loma para que el resto de la fauna sepa a que atenerse.

Aprendamos del lobo a saber estar en la Naturaleza, no hace falta preocuparse tanto ni hacer tantas cosas, basta con integrarse, basta con SER Naturaleza. Está claro que el lobo ES Naturaleza, dejémosle entonces ESTAR.

No hagamos cosas raras difíciles de explicar a la Unión Europea, el lobo está estrictamente protegido en Portugal y no se ha hundido el mundo ni desaparecido la actividad ganadera, recibiendo ayudas europeas para ello, por lo que lo lógico, razonable y natural es que también esté protegido en toda España, para que toda la Península Ibérica pueda beneficiarse de la existencia de esta joya única y exclusiva de nuestra tierra, Canis lupus signatus, la especie más emblemática junto con el Lince (Lynx pardinus).

Resuena en el sombrero: “Will the wolf survive?”.- Los Lobos (Los Ángeles (USA), 1985).

sábado, febrero 25, 2017

LA CLAVE ES LA ATENCIÓN



El viernes 24 de febrero, la Universidad Popular de Logroño organizó una charla, en el salón de usos múltiples del Ayuntamiento de la capital riojana, del filósofo y pedagogo hinduista Sesha (en la foto), con el título “La atención encaminada al bienestar personal”.

La atención es necesaria para aprender, adquirir conocimientos y realizar todo tipo de actividades. Siendo algo tan imprescindible para la educación, resulta paradójico que nuestra cultura occidental nunca le haya prestado atención (valga la redundancia), sino que la atención era como el valor en la mili, se presupone. De modo que la educación siempre se ha centrado en la transmisión de conocimientos, en moldear la mente y el comportamiento, pero la atención se puede educar y mejorar para que sea realmente eficiente.

Históricamente, la atención se ha incitado e incluso exigido mediante la estrategia del “palo y la zanahoria”, con el castigo y el premio, fomentando el esfuerzo y la competitividad. De manera que la atención y el aprendizaje nos produce estrés, cansancio e inseguridad.

Sin embargo, los niños pequeños, hasta los 6 ó 7 años, son capaces de aprender si esfuerzo varios idiomas y muchas otras materias. El motivo es porque están siempre muy concentrados, de manera natural, sin esfuerzo, debido a que su atención es pura e inocente, no está intoxicada por información ni sentimientos irrelevantes, en ellos no existe el sentimiento de culpa, la vergüenza, los complejos. Viven el momento presente, en ellos todo es novedoso, no hay recuerdos ni experiencias previas con los que comparar o que nos rememoran ideas o sentimientos “tóxicos”.

Esas son las causas de que nuestra atención sea ineficiente, constantemente nos distraemos con información irrelevante, introducimos sentimientos, recuerdos y preocupaciones ajenos al lugar y al momento presente, es decir, fantaseamos. La fantasía es lo contrario de la concentración.

Cuando centramos nuestra atención en lo que estamos haciendo en ese momento decimos que estamos concentrados. En ese estado de concentración no damos lugar a que surjan pensamientos negativos (quejas, tristeza, depresión, desasosiego).

¿Existen formas para mejorar nuestra atención sin esfuerzo e incluso de manera divertida? Pues sí, hay 5 cosas que consiguen que prestemos atención de manera natural y eficaz:

1) Sorpresa: Recordamos mejor aquello que nos sorprende.

2) Asombro: Es algo que no nos producen las personas sino fenómenos o acontecimientos naturales que nos causan una gran impresión por su belleza o su fuerza.

3) Novedad: Lo novedoso siempre impacta más. Todos recordamos la primera vez que visitamos una ciudad, un lugar o conocimos una persona.

4) Juego: Lo lúdico crea un ambiente muy especial y mágico en el que, a menudo, podemos incluso perder la noción del tiempo o de nosotros mismos.

5) Alegría: Mediante el humor creamos un ambiente distendido y propicio para mejorar las relaciones humanas, la atención y el aprendizaje.

Cuando estamos concentrados perdemos la noción del tiempo, de nosotros mismos y de la propiedad. No pensamos en la meta sino en la propia acción que estamos llevando a cabo.

Incluso cuando estamos concentrados en el interior de nosotros mismos, lo que llamamos “meditación”, también desactivamos nuestro “ ego” y conectamos con nuestro “verdadero ser”.

Hay personas que son capaces de permanecer mucho tiempo concentrados, encadenando una serie de concentraciones en asuntos de diversa índole. Es lo que se llama el estado de “flujo”, en el que se pierde la conciencia del yo (ego) y se esfuma el sentimiento de posesión o sentido de la propiedad.

En definitiva, la concentración mejora nuestro nivel de existencia, mejorando nuestra sabiduría, nuestro comportamiento y nuestra salud física y mental.

Una de las formas más naturales y saludables de aumentar nuestra capacidad de atención, agudizar nuestros sentidos y mejorar nuestra percepción de la realidad, es através del contacto con la Naturaleza.

Una de las cosas a las que hay que estar atentos, en nuestros paseos por la Naturaleza, ahora que empieza a calentar el sol, es con las Víboras que salen a solearse a la entrada de sus guaridas, entre las rocas, porque nunca hay que dejar de tener el ego suficiente como para mirar por nuestra propia vida. Además, la única canción que conozco dedicada a la sorpresa es esta de The Vipers (New York, 1984). Resuena en el sombrero: “Surprise, surprise”.