viernes, noviembre 25, 2016

SENSATEZ




El hecho de que el fuego sea un elemento inevitable e incluso necesario en los ecosistemas mediterráneos, ya que siempre ha habido, hay y seguirá habiendo tormentas eléctricas, eso no implica que, en un entorno humanizado en el que el período de recurrencia del fuego se ha visto enormemente acelerado, no haya que luchar contra los incendios forestales.

Casi todo en esta vida es una cuestión de dosis y de equilibrio, todos los ingredientes de una receta gastronómica son buenos y necesarios, pero el exceso o el defecto de alguno de ellos puede arruinar el plato.

Del mismo modo, el engaño, la mentira y la hipocresía son inevitables y hasta necesarios, en cierta medida, para posibilitar la convivencia en nuestra sociedad y en determinadas circunstancias, pero eso no implica que no haya que tratar de que la sinceridad, la franqueza y la verdad sean los principios en los que se fundamenten las relaciones humanas, en la mayoría de los casos y en condiciones ideales y normales.

Cuando leemos un libro, sobre todo si trata de temas filosóficos y por muy complejos que éstos sean, el autor consigue explicar las cosas de manera razonable para que la mayoría de los lectores consigamos comprender lo que se quiere decir, únicamente es necesario aplicar un mínimo de razonamiento lógico con “sentido común”.

La palabra “común” encierra una trampa o paradoja lingüística, motivada porque nuestra sociedad está plenamente imbuida en un sistema economicista y capitalista, en la que se ha universalizado la ley de la oferta y la demanda, de manera que todo el mundo sobreentendemos que cuando algo es abundante y “común” o “vulgar” no puede tener mucho valor. De ahí que quizás sea más apropiado emplear la palabra “sensatez”.

Tras la lectura del libro que también fue objeto de la entrada anterior “La locura del solucionismo tecnológico” (Evgeny Morozov, 2015), he caido en la cuenta de que muchos de los problemas a los que se enfrenta el ser humano provienen de nuestra enorme dificultad para asumir y gestionar la complejidad del mundo real, lo cual, a nivel científico y técnico, nos lleva a una ineficacia que, a su vez, nos está conduciendo a la insostenibilidad del sistema; mientras que, en el plano emocional, es una fuente inagotable de frustración.

Una realidad compleja implica que, inevitablemente, van a darse distintas formas de percibirla, distintos intereses, distintos objetivos y distintas creencias. Una de esas creencias, suele ser que los distintos puntos de vista son incompatibles y los diferentes intereses son irreconciliables e incluso contrapuestos, es decir se produce un conflicto inevitable que, la mayoría de las veces, como ha quedado sobradamente demostrado a lo largo de la Historia, resolvemos mediante la violencia (invasiones, imposiciones, abusos, guerras, esclavitud, etc.).

La violencia es fruto de la intolerancia, incluida la intolerancia a la frustración. Un proceso que nos ayuda a aceptar que los conflictos y las frustraciones forman parte de la realidad, pero que existen formas pacíficas de solucionar nuestras diferencias y los problemas en general, es el diálogo y la negociación, con la esperanza de poder llegar a un consenso que convenza o satisfaga a todas o a la gran mayoría de las partes implicadas. Este planteamiento es en el que se basa la democracia.

Algunos filósofos, pensadores y autores sostienen que la negociación, necesaria para lidiar con la complejidad del mundo y las sociedades humanas, implica cierto grado de engaño, hipocresía y ambigüedad, porque dan por hecho de que no existen valores universales ni leyes naturales en las que apoyarnos para llegar a un consenso plenamente coherente con unos principios que sean aceptados por todos, mediante una argumentación lógica y unas relaciones basadas en la sinceridad, la franqueza y la verdad.

El hecho cierto de que nadie esté en posesión absoluta de la verdad, no implica que tengamos que renunciar a acercarnos progresiva y consensuadamente a la verdad más objetiva a la que seamos capaces de llegar o, al menos, a la verdad que consideremos mayoritariamente como más aceptada.

Una negociación o un acuerdo “de facto” en los que implícitamente se tolera el engaño, la hipocresía y la ambigüedad, de forma habitual, nos conduce a una paz ficticia o “pseudopaz” en la que reina una eficacia aparente y en la que numerosas injusticias y desigualdades son toleradas, lo cual nos conduce a un ambiente tenso y crispado, en el que subyace una violencia latente o soterrada que, a la menor chispa, descuido o sabotaje que se produzca, puede disparar la violencia bruta, sin ambages ni paliativos.

Actualmente, promovido por la cultura del “internet-centrismo” y los defensores del “yo cuantificado”, existe la tendencia o la “tentación” de tomar un atajo tecnológico, el llamado “solucionismo tecnológico”, basado en una mentalidad “allanabarrancos” que, harta de tanto conflicto y profusión de percepciones, valores e intereses, busca una “objetividad” basada en la medición “imparcial” y exacta del mayor número posible de datos, de manera automática, sin que intervengan los ineficaces juicios de valor humanos, pero de carácter universal, en el sentido de que puede acceder todo el mundo, bueno todos aquellos que tengan un teléfono inteligente o una tablet, con acceso a internet y todo tipo de aplicaciones. El problema es que los sistemas informáticos y los algoritmos matemáticos que posibilitan esto son programados por personas, en base a determinados criterios humanos sobre los que no hay ningún debate público, como tampoco lo hay en las decisiones de qué datos deben medirse, cuándo y cómo. Por no hablar del hecho de que no todo en esta vida es medible. Es decir, limitar la realidad a una serie de datos medibles implica una simplificación de la misma, lo que conlleva un tipo de engaño basado en una razonamiento contradictorio: “la mejor forma de gestionar la complejidad es mediante su simplificación”, o sea que, en el fondo, no terminamos de asumir plenamente la complejidad del mundo real. El engañoso atajo del “solucionismo tecnológico” nos conduce de nuevo a la “pseudopaz” con una eficacia aparentemente mejorada pero en la que persisten las desigualdades, las injusticias y las mentiras, aunque sean otro tipo de mentiras.

¿Qué podemos hacer entonces? En mi opinión, sí que existen y serían posibles de encontrar y consensuar unos principios o valores universales, basados en las “leyes naturales”, de manera que sería posible llegar a un consenso verdadero y dinámico, mediante un avance que, asumiendo y respetando la complejidad y la pluralidad, sea plenamente coherente con los mencionado principios fundamentales. Debemos avanzar de forma integral, tanto a nivel científico-técnico como a nivel mental y emocional, creciendo en sabiduría y justicia, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, con serenidad pero con decisión y seguridad, caminando con pasos claros, firmes y sinceros hacia un mundo más natural, humano, sostenible, pacífico y feliz.

Recordemos, en el fondo es muy sencillo, algo insostenible es algo que, tarde o temprano, hará CRACK!

La foto de arriba corresponde a una escultura del barcelonés Jaume Plensa colocada en Burdeos (Francia) en julio de 2013.

Resuena en el sombrero: “New Gold Dream”.- Simple Minds (Glasgow (Scotland), 1982).

viernes, noviembre 11, 2016

PARTICIPACIÓN: HERRAMIENTA O FIN, CANTIDAD O CALIDAD ?



El libro “La locura del solucionismo tecnológico” de Evgeny Morozov, publicado en 2015, nos advierte sobre los peligros del “internet-centrismo”, basado en la tendencia hacia una excesiva simplificación de la realidad, en busca de soluciones relativamente “fáciles” e innovadoras, que se apoyan en la consideración de “internet” como un único ente al que se le atribuyen unos valores intrínsecos, tales como apertura, libertad y eficiencia. Cuando, en realidad, la “red de redes” es un sistema formal tecnológico constituido por multitud de servidores, páginas webs, blogs, redes sociales, aplicaciones, etc, etc.

Es indudable que “internet” ha supuesto un avance tecnológico de gran importancia, en el mencionado libro se hace referencia a autores que lo han comparado con la imprenta, si bien su pretendido carácter “revolucionario” no es automático o intrínsecamente ligado al concepto de la “red”, sino que hay que tener en cuenta los diversos y distintos usos, valores y objetivos que conviven en el seno de esta gigantesca y potente herramienta tecnológica.

Una curiosa paradoja que potencia “internet” es que la mayoría de la gente se fía más de la “objetividad mecánica” que minimiza la manipulación y el juicio humanos, al basarse en procesos automáticos regidos por algoritmos matemáticos, que en las conclusiones fruto de un debate entre personas con distintos puntos de vista que tratan de argumentar sus posturas de una forma lógica y coherente. La paradoja radica en que esos algoritmos matemáticos utilizan fórmulas y coeficientes ideados y calibrados por alguien (una persona o un grupo de personas), y, además, se trata de unos algoritmos secretos, ya que están ocultos para los usuarios, no ofrecen explicaciones, no argumentan nada, ni posibilitan discusiones ni debates de ningún tipo. Es como si se diese por hecho que la eficacia y la exactitud de las máquinas superan con creces las imprecisiones, ambigüedades y subjetividad propias de la "obsoleta y anticuada" fuerza de los argumentos humanos.

Los argumentos siempre se basan en unos principios o valores, y tienen una finalidad u objetivo, por eso, los hechos ciertos de que nadie está en posesión de la “verdad absoluta” y de que todas las ideas y opiniones bienintencionadas son respetables, no debe ser óbice para que tratemos de ser lo más objetivos y positivos que sea posible, eligiendo razonada y democráticamente aquellas ideas u opciones que una mayoría de personas considera que son mejores, más ciertas, más positivas o más convenientes, en un determinado contexto histórico y socio-cultural.

Cuando hablábamos sobre “inteligencia colectiva” y democracia, explicábamos la importancia de la participación y la forma en que “internet” y las nuevas tecnologías pueden facilitar y aumentar la participación ciudadana, al incrementar notablemente el alcance y la velocidad de las comunicaciones entre una gran cantidad de personas.

Tras la lectura del mencionado libro, he reflexionado sobre la forma de mejorar la calidad y la utilidad de la participación, mermando lo menos posible la cantidad de participantes. En el momento actual las principales formas de participación masiva por “internet” son básicamente cuantitativas, como refleja el siguiente esquema:



Este sistema facilita mucho una gran participación, puesto que votar consiste en hacer clic en “me gusta” y, a lo sumo, poner algún breve comentario, pero su eficacia o utilidad se ve muy mermada por el hecho de que nadie establece ningún orden en las prioridades y/o en la relevancia de los temas a tratar. El debate también suele brillar por su ausencia, y cuando lo hay suele ser tremendamente caótico, debido al mencionado desorden imperante. Tampoco se favorece la innovación, por que las ideas más novedosas y vanguardistas, a menudo son vistas por la mayoría como algo “raro”, arriesgado o descabellado.

Propongo una plataforma “on line” en la que aquellos productos, iniciativas o ideas que quieran darse a conocer, sean explicadas y analizadas por una serie de medios de comunicación, críticos expertos en las distintas materias y foros especializados de las redes sociales, de manera que tengan que escribir de la forma más clara y breve que sea posible: 1º) Cuáles son los valores o principios en los que se basan para emitir sus juicios u opiniones; 2º) Qué pretende, cuáles son los objetivos o utilidades de las ideas o productos (pros), así como los defectos e inconvenientes (contras) que se aprecian, ponderando ambos aspectos, es decir, concluir en qué medida pueden más los pros o los contras. 3º) Explicarlo mediante argumentos lógicos que conecten los valores del primer punto con las conclusiones indicadas en el segundo punto, de manera coherente.

Estas críticas o valoraciones razonadas son a su vez evaluadas por unos “árbitros de coherencia”, abiertos a todo el mundo para buscar la máxima pluralidad, si bien sería deseable que en este nivel participasen intelectuales de prestigio, catedráticos de filosofía, sociología o expertos en las distintas materias de las que se trate. Su papel es ordenar las ideas según unas prioridades y criterios que busquen la mayor objetividad posible, ofreciendo un debate público en el que se de un constante “feedback” entre los árbitros, los críticos y los autores de las ideas o productos, hasta llegar a unas conclusiones lo más claras y consensuadas que sea posible.

Finalmente, el público vota aquellas conclusiones y debates que considere más convincentes, realistas, eficaces y útiles.


Con este sistema es probable que la participación disminuya en cantidad, ya que requiere una mayor atención y un cierto esfuerzo de leer y pensar, por muy resumidos y desgranados que estén los temas, tras pasar por el “filtro” de los críticos y los árbitros, pero a buen seguro se ganará mucho en calidad, claridad y eficacia.

Todas las fotos y esquemas by Mad Hatter.

Resuena en el sombrero: “ Hallelujah”.- Leonard Cohen (Montreal (Canadá) 21/09/1934 – Los Ángeles (USA) 07/11/2016, R.I.P.) ¡Adiós maestro!

jueves, noviembre 03, 2016

POLLOS PREHISTÓRICOS






Será mera casualidad, pero el hecho de que anoche, en la sala “Biribay” de Logroño, estuviésemos disfrutando del magnífico concierto de los “MFC Chicken”, y esta mañana, en la plaza de toros de esta misma ciudad, hayan desembarcado los camiones de “Dinosaur Expo”, me ha hecho recordar que las aves son las descencientes directas de los dinosaurios, por eso me pregunto ¿Será posible que los pollos nos conecten con nuestras entrañas más primitivas y ancestrales?

No en vano, los pollos, las gallinas, proceden de las profundas selvas de Asia e Indonesia, y la base de su alimentación suele ser el maiz, el mágico “oro comestible” que cultivaron las primitivas culturas amerindias.

El rito ancestral dio comienzo, al ritmo tribal y sincopado de los tambores, como un caballo que se pone en marcha al galope, al que enseguida se suma el relincho poderoso del saxo, como un dorado cuerno de la abundancia que vierte un fluido vital corrosivo, que se filtra por las grietas del suelo hasta llegar al centro de la Tierra, donde licua y remueve el magma, que fluye entonces hacia arriba, llegando al estrato donde se encontraban los fósiles de lo huesos de pollo que se comió Little Richard. Ese magma líquido se convirtió en la sangre que devolvió a la vida a esos pollos, que saltaron a la superficie del planeta, bailando frenéticamente al son de los “MFC Chicken”.

El saxo, con su silueta sinuosa, su sonido cálido y aterciopelado, nos seduce recordándonos sutilmente que la “a” de su nombre podría convertirse en una “e”, en el momento más inesperado. Su vibración telúrica nos sacude las entrañas, es como el “intestino del alma”, el cordón umbilical que nos conecta con nuestro lado animal y salvaje.

Este primitivo ritual es celebrado por unos maestros de ceremonias jóvenes, pálidos y enjutos, que mezclan la elegancia y sobriedad del detective inglés Sherlock Holmes, con la cercanía e informal uniformidad de los camareros de alguna cadena de comida rápida. Por el día se dedican a diseccionar con precisión nuestras entrañas, a la búsqueda de las pruebas del pecado, mientras que por la noche nos sirven generosas raciones de pollo frito, con patatas asadas, regadas con litros y litros de grandes pintas de cerveza.

El concierto destiló una gran calidad y profesionalidad, no exenta de su dosis de locura e improvisación, incluyendo coreografías sincronizadas, sentadillas y atléticas flexiones sobre el escenario, paseillos y caravanas entre el público, vimos con sorpresa como tres de sus miembros se subieron a la barra del fondo del local, actuando allí de pié durante un buen rato. El saxofonista llegó a tocar tumbado de espaldas sobre el suelo e incluso desplazándose lateralmente en cuclillas, mientras imitaba a la perfección con su instrumento el cacareo de una gallina.

Además de sus temas propios, casi todos con títulos que contienen la palabra “chicken”, interpretaron fabulosas versiones del “Lucille” de Little Richard y el “Psycho” de los Sonics, que consiguieron retrotraernos a los gloriosos tiempos del North West Garage, cuando el rock and roll todavía era un baile.

Todas las fotos by Mad Hatter.

Resuena en el sombrero: “Chichen Baby”.- MFC Chicken (Sala “El Sol” (Madrid), 21 de octubre de 2016).

domingo, octubre 23, 2016

EL RÍO DE LA VIDA








La palabra “Rioja” proviene de Río Oja, debido a la gran cantidad de hojas que arrastra este afluente del Ebro, procedentes de los bosques caducifolios de cubren la Sierra de la Demanda. El colorido otoñal de estas hojas, en el que predominan los amarillentos, ámbares, anaranjados, rojos y púrpuras, nos recuerdan a los glóbulos de la sangre, el fluido vital que em otoño, más que nunca, nos conecta con nuestra tierra, con nuestros orígenes.

Esta mañana, mientras paseaba por el pinar de El Rasillo, con la esperanza frustrada de encontrar alguna seta, al escuchar el agudo trino y observar el rápido vuelo de un Agateador pasando de un pino a otro, para recorrer en espiral su áspera corteza, en su meticulosa prospección de invertebrados que captura con la precisa pinza de su fino pico, mientras mi pituitaria se inundaba con el olor a leña quemada procedente de las chimeneas del pueblo, pues bien, esa mezcla de sensaciones ha bastado para que instantáneamente retrocediese 43 años y me sintiera como aquel niño que recorría ilusionado los bosques, con los sentidos agudizados al máximo para descubrir todos sus secretos.

Poco después he ido a revisar las riberas del río Iregua, por encima de Villanueva, muy cerca de donde hace años descubrí el abrazo eterno de dos quejigos en mitad de la espesura, allí los rayos de sol filtrados a través de las copas de los árboles calentaban de vez en cuando, alternándose con momentos en que arreciaba un fría brisa que arrastraba incluso un ligero txirimiri, produciendo una intermitente lluvia dorada de hojas, que caían sobre dos piedras que semejaban una lápida junto a una tumba (3ª foto). No sé si debido a tan tétrica visión o a la fría brisa otoñal que soplaba, lo cierto es que no pude evitar que un escalofrío recorriese mi espalda, sobre todo cuando me agaché para recoger una ramita de quejigo caída al suelo, con sus hojas doradas dispuestas en forma de cruz (4ª foto).

¡Caramba! Es como si en el paseo de hoy hubiese recorrido toda mi vida, desde la infancia a la vejez y hasta el fin de mis días. Esperemos que no sea una premonición de algo próximo en el tiempo.

Todos los dibujos y fotos by Mad Hatter: Los dibujos a lapiz y acuarela serán de hace 40 años, después de mis paseos por los bosques en otoño, observando árboles, plantas y pájaros (el Agateador es el que está más arriba al centro, con el pico largo y curvado, ya lo había sacado antes de fondo algo borroso en esta otra entrada). Las fotos del río con hojas son del Iregua.

Resuena en el sombrero: “Into my Hands”.- The Church (Australia, 1984).

martes, octubre 11, 2016

ALERCES








Las coníferas son famosas por su resistencia al frío, principales habitantes de la extensa taiga, bosque circumboreal compuesto principalmente por especies de hoja perenne que soportan las bajas temperaturas gracias a los anticongelantes resinosos con que cuentan sus duras acículas.

Sin embargo, cuando las condiciones son aún más extremas, hay algunas coníferas que han conseguido adaptarse haciéndose caducifolias, por lo que sus hojas toman en otoño unos bellos colores amarillos y ambarinos, que resultan ciertamente raros e inusuales de ver sobre una conífera, se trata de los Alerces (género Larix).

En Japón, el árbol más famoso y representativo es, sin duda, el cerezo(sakura), cuya vistosa floración primaveral constituye un espectáculo que se ha convertido en una fiesta nacional con un gran atractivo turístico. Sin embargo, en otoño poca gente se acuerda del más austero y frugal alerce (Karamatsu, Larix kaempferi) que llena de color ámbar las oscuras laderas de roca volcánica del Monte Fuji (1ª foto).

La especie europea es Larix decidua, que habita los Alpes y otras montañas centroeropeas, donde soporta temperaturas inferiores a -50ºC bajo cero a altitudes de 2.000 m., en el límite superior del arbolado, existiendo poblaciones disjuntas en el Norte de Polonia y el Sur de Lituania. Se diferencia del Alerce japonés por sus conos o piñas ligeramente más grandes, provistas de escamas rectas (2ª foto), mientras que L. kaempferi las tiene con sus extremos revirados hacia abajo.

La madera del alerce es muy apreciada por su dureza, color rojizo, está impregnada de resina con un suave olor a limón, que hace que sea prácticamente incorruptible. Se ha utilizado para la construcción de barcos y casas, e incluso en Suiza y algunas partes de Alemania se fabrican con ella toneles o barricas en las que se conserva perfectamente el vino.

Quizás encandilado por la belleza, la dureza y el valor de la madera de este árbol, el Duque de Atholl plantó, en 1.885, once alerces japoneses cerca de dos alerces europeos, en su finca próxima a Dunkeld House (Escocia). Cuando se hicieron adultos y comenzaron a producir semilla, la recolectaron y la sembraron. En 1904, observaron que los jóvenes plantones eran excepcionalmente vigorosos y tenía troncos de un color más pálido. Por eso, a este Alerce híbrido (Larix x eurolepis) a veces se le llama Alerce de Dunkeld.

Este árbol debió ponerse de moda entre los Servicios Forestales de toda Europa, a principios y mediados del siglo XX, por lo que se utilizó para repoblar numerosas zonas, entre ellas algunas montañas del Norte de la Península Ibérica, resultado de lo cual, en La Rioja, actualmente contamos 226 Ha. en las que el Alerce es la especie principal y otras 282 Ha., en las que actúa como especie acompañante, principalmente en diversas zonas de las Sierras de la Demanda y los Cameros (la 3ª foto está tomada en el Puerto de Piqueras).

Las piñas de este Alerce híbrido son de características intermedias entre el japonés y el europeo, de sus semillas se alimenta el pájaro Piquituerto, y con sus raíces se asocia (forma micorrizas) un hongo exclusivo de este árbol como es el Suillus grevillei (4ª foto).

Entre las plagas que de vez en cuando atacan a esta conífera, tenemos el microlepidóptero Coleophora laricella, que esta primavera ha defoliado 30 Ha. en dos zonas de la Sierra de la Demanda riojana (Ezcaray y Valgañón). Las diminutas larvas se refugian en estuches y se alimentan de la parte distal de las acículas durante los meses de mayo y junio (5ª foto), si bien la inmensa mayoría de los árboles vuelven a rebrotar sin problemas durante el resto del verano.

Resulta evidente que esta especie se encuentra en las montañas riojanas en el límite de su rango ecológico, por lo que las masas presentan un estado y un desarrollo muy inferiores a los que cabría esperar cuando fueron plantados, no existiendo regeneración natural, si bien, junto a Abedules (Betula alba), Hayas (Fagus sylvatica) y Serbales (Sorbus aucuparia), aportan cierto colorido otoñal a estos inhóspitos parajes, en contraste con el verde oscuro de los Pinos negros (Pinus uncinata), los Pinos silvestres (P. sylvestris) y las Piceas (Picea abies), contribuyendo a aumentar la biodiversidad, tanto con sus propias poblaciones como mediante su cohorte de hongos e insectos asociados.

Otra conífera alóctona, en este caso norteamericana, con la que se ha repoblado mucha más superficie en La Rioja, es el Abeto Douglas o Pino de Oregón (Pseudotsuga menziessi). Resuena en el sombrero: “Portland, Oregon”.- Loretta Lynn y Jack White (Kentucky (USA), 2004).

Todas las fotos by Mad Hatter, excepto la 1ª y la 2ª.

miércoles, septiembre 07, 2016

EL FIN DE LA SOCIEDAD ESTAMENTAL Y EL PRINCIPIO DE LA ERA COMUNITARIA






En los libros de Historia, se dice que el Antiguo Régimen, basado en una sociedad estamental, terminó en el siglo XV, con el fin del sistema feudal de la Edad Media, dando paso a la denominada Edad Moderna, si bien no fue hasta el siglo XVIII, con la Revolución Francesa, cuando se dio por terminado el rígido orden jerárquico que, básicamente, dividía la sociedad en dos grupos: los privilegiados y los no privilegiados. Comenzó entonces la llamada Edad Contemporánea.

Sin embargo, una cultura o mentalidad tan prolongada en el tiempo (no olvidemos que la primera dinastía egipcia data del año 3.150 a. d. C.) ha dejado una impronta cuasigenética en nuestra especie, de manera que es muy probable que sea en este momento histórico del siglo XXI cuando estemos empezando a abandonar las creencias, esquemas y clichés propios del feudalismo, para sustituirlos por unos principios realmente modernos, más justos e igualitarios.

Cuando el ser humano dejó de vivir de una manera nómada, nació el concepto de propiedad privada, la comunidad pasó a un segundo plano, la vida comenzó a regirse por el control del acceso a las mejores tierras de cultivo, al agua, a los mejores pastos. La defensa de un territorio, frente a los enemigos que podrían arrebatárnoslo, era de vital importancia, por lo que enseguida surgió una clase guerrera dirigida por un líder supremo que se erigió como el defensor del pueblo y el representante de Dios en la tierra. Así nacieron los estamentos sociales que han perdurado desde entonces durante los siguientes 5.000 años.

Actualmente, no tenemos estamentos, ya que fueron sustituidos por el concepto de clase social, sin embargo, en lo fundamental, el esquema psicológico-emocional que propició el Antiguo Régimen sigue siendo el mismo. Ahora los nobles no se dedican a guerrear, manteniendo ejércitos y castillos, pactando alianzas con otros nobles y concediendo vasallaje a un determinado rey, pero sigue habiendo altivos prebostes que controlan importantes sectores de la economía y la política, estableciendo acuerdos más o menos soterrados o secretos, intercambiando favores, trasvasando fondos, creando redes clientelares y entramados empresariales, que los convierten en una casta de un nivel superior a la mayoría del resto de los mortales asalariados.

Afortunadamente, parece que algo está empezando a cambiar, debido fundamentalmente a la enorme rapidez y libertad de comunicación propiciada por el desarrollo de las nuevas tecnologías, internet y las redes sociales. Asistimos atónitos, en tiempo real, como la clase dirigente es capaz de caer en insólitos errores de bulto, mentir en público con el mayor descaro, tratar de colar burdas excusas y justificaciones, con el único objetivo de mantener unos privilegios que difícilmente se sostienen en una mínima argumentación lógica y en ningún principio ético aceptable.

Así mismo, las más altas jerarquías eclesiásticas, el secular clero, el Papa se está atreviendo a criticar los comportamientos antiéticos y los abusos cometidos por el poder, y lo que es aún más importante, los líderes de cualquier tipo y condición están empezando a dejar de ser necesarios, ya que las ideas y las líneas de actuación son construidas y transmitidas por un gran número de personas que, además, asumen un cierto grado de responsabilidad para ponerlas en práctica en sus respectivos ámbitos de actuación, sin que ningún líder, tutor o mentor tenga que velar por la corrección y la ortodoxia de los principios, ni controlar actuaciones ni las lealtades que conllevan los personalismos. Es suficiente con que se demuestre en todo momento una coherencia lógica y ética con una serie de principios fundamentales conocidos por todos, basados en la participación, el bien común, el sentido común y la inteligencia emocional.

El desarrollo de este tipo de inteligencia, la llamada “inteligencia emocional”, es un factor fundamental en el abandono definitivo de la sociedad estamental, ya que supone un paso muy importante en la evolución de la psique humana, mediante el control de las emociones y el reconocimiento del “ego”, tanto a nivel individual como colectivo, de forma que los aspectos diferenciadores y de autoafirmación de nosotros mismos o de nuestro grupo, frente a los demás u otros grupos, dejan de ser un objetivo prioritario en nuestras vidas, asumiendo el convencimiento de que no importa lo que tengamos o poseamos, lo verdaderamente es lo que somos. No existe ningún ser igual a otro, todos y cada uno somos diferentes, es un hecho que no hace falta demostrar, pero todos formamos parte de un mismo sistema, del mismo “todo” trascendente, lo mismo que no existen dos llamas iguales dentro del mismo fuego, ni tampoco existen dos copos de nieve idénticos en toda la Tierra.

Como decía, el otro factor fundamental en el despertar de una nueva “Era Comunitaria” o del bien común, es el desarrollo de unas tecnologías y sistemas de telecomunicación colectiva en red que permiten potenciar una auténtica “inteligencia colectiva” basada en la igualdad.

A mucha gente, todas estas ideas le sonarán a sueños utópicos, a cuentos de hadas alejados de la cruda realidad del día a día, pero, además de los proyectos de investigación que se están llevando a cabo y que resumí en la entrada sobre “inteligencia colectiva”, hace pocos días ha sido nombrada en Taiwán una nueva y joven Ministra Digital sin cartera, llamada Audrey Tang (3ª foto), que se autodefine como una “anarquista conservadora” y que piensa y dice cosas como estas:

Programar es una síntesis entre matemáticas y lingüística. Pero, lo que es aún más importante, te ofrece la oportunidad de sumergirte en las comunidades de cultura libre, que incentivan la espontaneidad, la interacción interpersonal y persiguen el bien común.

El objetivo es resolver problemas e impulsar los sectores científicos y tecnológicos reforzando el diálogo y la cooperación entre lo público y lo privado”.

Esta línea de pensamiento supone un cambio de paradigma que ofrece alternativas reales al pensamiento único neoliberal, toda vez que la socialdemocracia parece haberse diluido por completo en el sistema capitalista imperante.

Celebrando que hoy hubiese cumplido 80 años el gran Buddy Holly y esta tarea del cambio es una labor de constancia día a día, hoy resuena en el sombrero esta preciosa canción: “Everyday”.- Buddy Holly (Texas; 1958).


martes, agosto 16, 2016

SALVACIÓN MATERNAL



En aquella entrada de hace 6 años, el poder del amor, inspirada por la noticia de una leona que cuidó durante unos días de una cría de antílope, puso en evidencia el enorme poder del instinto maternal, el amor de las madres es tan grande que supera las barreras de la sangre, extendiéndose hacía crías que no son las suyas, e incluso a especies diferentes a la suya.

No en vano, en la inmensa mayoría de las culturas y religiones, la Tierra es representada como una figura maternal, la “Madre Tierra”, una de cuyas manifestaciones ha sido la reciente festividad de la Virgen de Agosto, ayer día 15.

El profeta Isaías escribió: “El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará. La vaca y la osa pacerán, el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora. No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la Tierra estará llena del conocimiento del Señor, como las aguas cubren el mar”.

Estas palabras reflejan el anhelo por una verdadera paz, justicia y equidad, pueden sonarnos utópicas e irreales, pero en el fondo encierran una gran verdad ¿Qué nos impide avanzar por este camino de paz, justicia y equidad?

En un mundo cambiante, no sobreviven los más fuertes, sino los que más rápido y mejor se adaptan a los cambios, por lo tanto la sostenibilidad implica siempre una evolución dinámica.

A mediados del siglo XX, el médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, Carl Gustav Jung, escribió: “Lo que se resiste persiste, lo que se acepta se transforma”.

Ese “conocimiento del Señor” al que se refería Isaías es una sabiduría que ya era conocida por la civilización védica (previa al hinduismo) hace 3.500 años, la cual, básicamente, podría resumirse en la unicidad del sentido trascendental de la existencia, la realidad de que la infinita diversidad de los seres que existimos en el Universo estamos interconectados en lo profundo de nuestro “verdadero ser”, y el hecho de que el cerebro humano, debido a su evolución como especie animal sobre el planeta Tierra, ha desarrollado una tendencia innata psicológico-emocional que denominamos “ego” y que subraya todo aquello que nos separa de los demás, por así decirlo, dispara nuestro instinto de lucha mediante la exaltación del individuo, un instinto que nos ha salvado la vida en circunstancias extremas de supervivencia, durante nuestra historia evolutiva, en la que hemos sido animal presa durante muchos miles de años, pero que, en la sociedad actual, dificulta enormemente la necesaria colaboración entre congéneres e incluso entre el resto de los seres vivos. Por así decirlo, el “ego” se ha transformado en una trampa existencial que nos condena a una vida repleta de continuos conflictos, tensiones, crispaciones, comportamientos violentos y guerras.

Se trata de un instinto tan poderoso y tan arraigado en nuestro cerebro que es imposible eliminarlo o luchar contra él, lo único que podemos hacer para evitar sus nefastas consecuencias es descubrirlo, verlo, ser plenamente conscientes que se trata de una “trampa emocional” de nuestro cerebro, que nuestro “verdadero ser” es otra cosa muy distinta a lo que nos hace creer el “ego”, nuestro verdadero ser es luz y amor, una de las infinitas llamas de luz y amor que forman parte del amor universal trascendente.

La dominación de nuestro cerebro por el “ego” es la causa de todas las desigualdades, injusticias y violencias de este mundo, desde los celos, las inquinas y la violencia de género, en el ámbito doméstico, hasta los crímenes más sangrientos del terrorismo internacional yihadista, pasando por las desigualdades, sufrimientos y problemas que genera el capitalismo salvaje.

Por eso, frente a instintos y fuerzas tan poderosas que nos llevan a la división y la violencia, hay que buscar lazos comunes y fuerzas igualmente potentes como puede ser el amor maternal.

En estos días en los que estamos asistiendo al gran espectáculo deportivo de las Olimpiadas, nos damos cuenta de hasta qué extremos de perfección, concordia y deportividad puede llegar el ser humano, a base de convicción, trabajo, disciplina y entrenamiento. También se pone de manifiesto la selección de constituciones corporales a las que conduce cada deporte, por ejemplo la baja estatura de las gimnastas femeninas, gran desarrollo de musculatura de los gimnastas masculinos, robustez de los practicantes de halterofilia, delgadez de los corredores de fondo, etc.

Entonces surgen una serie de preguntas: ¿No sería lógico aplicar también estos principios a la organización socio-política y económica? ¿Qué valores y actitudes son los que habría que potenciar? ¿Qué tipologías emocionales y sistemas educativos se adaptan mejor a los objetivos deseables?

En mi opinión, la única esperanza para el ser humano, de cara al futuro, radica en descubrir, potenciar y practicar emociones, conocimientos, sistemas de comunicación, colaboración y educación que refuercen paulatina y progresivamente los valores positivos de los seres humanos y el desarrollo sostenible de la sociedad, sin prisa pero sin pausa, con paso firme, cometiendo el menor número posible de errores y, en cualquier caso, aprendiendo de éstos.

Un aspecto fundamental es la educación, la sabiduría debe comenzar a transmitirse desde el mismo momento del nacimiento, tal y como postula el “Método Montessori” descubierto a mediados del siglo XX, prácticamente olvidado durante las últimas décadas, pero que parece que esta siendo revisado, recuperado y mejorado por no pocos estudiosos, Universidades y otros centros educativos.

En lo referente a la economía, ya hemos hablado en numerosas ocasiones de perseguir y alcanzar el anhelado “bien común”.

Con respecto al tercer pilar de la sociedad, el sistema político, también hemos tratado el desarrollo de la llamada “inteligencia colectiva”.

Para favorecer ese crecimiento en sabiduría y la evolución deseable de nuestra sociedad, en la dirección correcta, sería muy lógico y saludable que nuestros parlamentarios, dirigentes y directivos de entidades financieras, multinacionales y empresas de todos los tamaños fuesen seleccionados prioritariamente entre mujeres que han sido MADRES.

En la mencionada entrada sobre “inteligencia colectiva”, ya se menciona el hecho estudiado y constatado de que las mujeres tienen una mayor capacidad de “inteligencia social” que los hombres, en término medio, si bien se concluye que hay que valorar a las personas con independencia de su género, raza o religión, pero, parece evidente que las capacidades de muchas mujeres están siendo minusvaloradas o desaprovechadas en numerosas empresas e instituciones. Lo explica muy bien la entrevista titulada “Why women make teams smarter”.

¡Madres del mundo, uníos y salvad la Tierra!

Resuena en el sombrero: “Mantra a la Madre Tierra”.