domingo, marzo 18, 2018

EL ORFEBRE DE LO VIVO



Joaquín Araujo, hace casi 40 años que leí su libro "Todavía vivo", un auténtico lema de este hombre que siempre quiso ser campesino y que se autome fine como"emboscado". A lo largo de su vida ha plantado más de 25.000 árboles y ahora se dedica fundamentalmente ha labrar, tanto la tierra como las mentes, y siempre lo hace con gran humildad, con el máximo respeto, sin ninguna agresividad, con la meticulosidad y artística delicadeza de un auténtico orfebre de las ideas. Para ello utiliza numerosos e inteligentes juegos de palabras, metáforas, anécdotas, experiencias, una pizca de poesía y hasta los esquemáticos y expresivos gráficos de la escritura china. A veces puede resultar algo rebuscado y enrevesado, pero, ciertamente, no es sencillo hablar de lo infinitamente complejo que, en el fondo, es la esencia de la sublime simplicidad de lo vivo.

En esta ocasión, sus sabias palabras han girado entorno al concepto de "fertilidad", que George Sand define como el mundo del esplendor, y que Joaquín relaciona con la "fraternidad", porque la fertilidad no es sino una suma de fraternidades entre elementos muy diferentes.

¡Qué importante es el proceso! Formar parte del proceso, sin acapararlo,  sin dominarlo y sin destruirlo es la única salvación para la Humanidad. La misma palabra "humano" proviene de "humus", "esa tierra negra que escupe primaveras".

Agricultura es cuidar de lo que nos cuida, cultivar es cuidar. No hay mayor tragedia que haber obligado a todo un sector a convertirse en torturador de la tierra. Cuando se obliga a los agricultores a traicionar sus esencias no sólo se pierde la soberanía alimentaria, la salud, el paisaje y la biodiversidad, sino que fundamentalmente se pierde la DIGNIDAD.

La cultura más culta es la rural. La cultura rural es la creadora del paisaje, del diccionario, de la Historia, del arte y de ese "conocimiento umbilical" que nos mantiene unidos a la "madre tierra".

Joaquín fue el encargado de cerrar la jornada "Ruralidades", organizada en la sala de usos múltiples del Ayuntamiento de Logroño, por "Equo", "Podemos" y "Cambia Logroño", en la que han intervenido Juantxo López Uralde (Equo), Kiko Garrido (Podemos), Andrés Barrio (Cambia Logroño) representante de la red "Intervegas", Raquel Ramírez de la cooperativa "El Colletero" de Nalda (La Rioja) y Lorena Rodríguez, alcaldesa de Carcaboso (Cáceres).

En una charla sobre el mundo rural me ha sorprendido la cantidad de veces que has salido la palabra "cultura" junto a otras que también empiezan por la letra "c" como: cooperación, comunidad cuidadora, custodia del territorio, consumo y colapso.

El colapso ambiental conduce al colapso social, si no recuperamos nuestros valores humanos más positivos como la solidaridad, la cooperación, la igualdad y la fraternidad perderemos nuestros pueblos, la cultura rural y la fertilidad de nuestros campos.

Cierro estas líneas con las mismas palabras con las que se despidió Joaquín: "Que la fertilidad os atalante!". Es un auténtico apóstol del amor a la Naturaleza y del ecologismo más profundo, rozando la fé y lo espiritual, por lo que me recuerda a mis queridos The Church, otros auténticos orfebres del sonido, provenientes de las antípodas del planeta. Si bien, mucho más cercano nos resulta el entrañable José Antonio Labordeta, del que Juantxo recordó su canción "Regresaré a la casa". Aunque, como digo, a mi me tiran más los Church con aquel sublime: "I take love into my hands, journey back to winterland", una canción que expresa muy bien esa imprescindible alianza entre el campo y la ciudad.

Todas las fotos by Mad Hatter.

Resuena en el sombrero: "Into my hands".- The Church (Australia, 1984).

lunes, enero 22, 2018

LA INTELIGENCIA DE LOS BOSQUES O LA "RED FORESTAL"





Al hablar de los bosques, a menudo hay personas que me preguntan: “Pero entonces… ¿Los árboles compiten o colaboran entre ellos?” A lo que suelo responder: “Es algo parecido a lo que pasa en nuestra sociedad ¿Las personas competimos o colaboramos?”. En el actual sistema capitalista, es evidente que, por una parte, se da una feroz competencia, pero también existe la solidaridad, colaboramos, se pagan impuestos en favor del bien común y, entre todos, hacemos que el mundo funcione. Nos ayudamos siguiendo un cierto orden lógico y “natural” de prioridades, en función de la similitud o proximidad: familiares, amigos, compatriotas, europeos,… Pues bien, lo mismo sucede en un bosque, por una parte los árboles compiten en una carrera a muerte por alcanzar la luz en el dosel arbóreo y el acceso al agua y a los nutrientes en el suelo, pero, al mismo tiempo, el conjunto del bosque crea las condiciones adecuadas para que todos y cada uno de sus componentes pueda vivir, convivir, comunicarse, colaborar e interactuar entre sí.

Desde hace tiempo, se viene hablando de la enorme complejidad de los ecosistemas forestales, unos entornos muy difíciles de estudiar, ya que funcionan a plazos muy largos de tiempo que exceden con creces la vida humana, y se desarrollan en ambientes complicados por su distribución en el espacio (abarca desde el subsuelo hasta las copas de los árboles a más de 40 metros de altura), en un terreno escabroso y poco accesible, con unas duras inclemencias meteorológicas (frío, calor, viento, lluvia, nieve y granizo) y con la presencia de fauna molesta (garrapatas y mosquitos) e incluso peligrosa (tarántulas, víboras, osos y lobos).

            En los últimos años, se están produciendo notables avances en el estudio científico de las formas en las que interactúan los distintos elementos que constituyen los bosques (aire, agua, fuego, rocas, suelo, musgos, líquenes, helechos, herbáceas, arbustos, lianas, árboles, hongos, bacterias, fauna invertebrada y vertebrada), así como en el conocimiento de los sistemas de comunicación existentes entre los distintos individuos de árboles, otras plantas y hongos, ya sean de distintas especies, dentro de la misma especie, e incluso reconociendo los lazos familiares (afinidad genética) existentes.

            En estos ecosistemas son de vital importancia las micorrizas (ver 1ª ilustración), es decir la asociación simbiótica entre los extremos radiculares de una planta y las hifas del micelio de un hongo, de forma que ambos organismos resultan beneficiados. La planta aumenta su capacidad de absorción de agua y nutrientes del suelo, así como su interconexión con plantas y hongos vecinos; mientras que el hongo recibe los energéticos y valiosos azúcares procedentes de la fotosíntesis realizada por las plantas.

 La extensa y compleja red formada por las raíces, las micorrizas y los micelios de las plantas y hongos que habitan en el bosque funciona de manera parecida a internet. Su densidad es tal que bajo la huella de un pie humano pueden existir varios centenares de kilómetros de diminutos filamentos por lo que circulan agua, sales minerales, carbono, nitrógeno, fósforo, alelos químicos, hormonas, señales defensivas o de alarma y hasta impulsos eléctricos similares a los que circulan por el sistema nervioso de los animales, aunque a una velocidad bastante menor de un centímetro por segundo.

            Esta tupida y compleja red hace posible que pequeños arbolitos jóvenes puedan sobrevivir durante décadas en la penumbra del sotobosque, sin apenas recibir luz, creciendo unos pocos milímetros al año, nutridos por la sabia que les ceden los árboles adultos colindantes, a la espera de que se abra un claro en el dosel arbóreo y tengan la oportunidad de crecer, desarrollarse, florecer y reproducirse. Esta solidaridad es tal que, incluso, es posible observar tocones de árboles ya cortados, cuya madera sigue viva y creciendo para cerrar la enorme herida del corte, gracias al alimento que reciben a través de la conexión radicular subterránea. Esto también explica que pinos, cuyo cambium ha muerto debido al ataque del hongo patógeno Heterobasidion annosum, puedan seguir vivos sin formar nuevos anillos de crecimiento en su madera, tal y como se ha observado en un rodal de 30 años de edad localizado en Suiza.

            Los hongos también son un elemento clave en el reciclado de la madera, ya que son los únicos seres con encimas capaces de digerir la dura lignina, produciendo la denominada “pudrición blanca”, al dejar como residuo las fibras blanquecinas de celulosa, mientras que otros se han especializado en la descomposición de este polisacárido, dejando bloques paralelepipédicos de lignina marrón, en la llamada “pudrición parda”. En muchos árboles, estas pudriciones comienzan mucho antes de su caída al suelo, ya que el durámen del interior del tronco, constituido por células muertas del sistema vascular del árbol, es atacado por los hongos que lo van pudriendo hasta dejarlo hueco, pero esto no es perjudicial, ya que se ha comprobado que un cilindro hueco es mucho más estable y duradero, frente a vendavales y tormentas, que uno macizo. Además, estos huecos son utilizados como refugio por multitud de animales, los cuales contribuyen con sus restos y deyecciones a fertilizar el suelo existente justo bajo el árbol.

            Como vemos, tanto para bien como para mal, los hongos constituyen un elemento clave en los bosques, estos seres constituyen un reino a parte, diferente de plantas y animales, y, de hecho, son los que pueden alcanzar un mayor tamaño de todos los que habitan en el planeta. Una Armillaria de Suiza se extiende por una superficie de medio kilómetro cuadrado y tiene una edad de alrededor de 1.00 años, mientras que otra encontrada en el Estado de Oregón (EEUU) se calcula que tiene 2.400 años, ocupa una extensión de 9 Km2 y pesa unas 600 toneladas.

            También los insectos juegan un papel importante, no sólo como fitófagos, descomponedores de madera y cadáveres, depredares controladores de plagas o como importantes polinizadores de las flores, sino que intervienen en procesos más complejos, junto a plantas y hongos, como descubrieron por casualidad los investigadores canadienses John Klironomos y Miranda Hat, de la Universidad de Guelph, mientras estudiaban las micorrizas que el hongo Laccaria bicolor establece con las raíces del Pino canadiense (Pinus strobus). Observaron que, cuando el nitrógeno escasea en el suelo, la Laccaria segrega una toxina que inmoviliza al insecto colémbolo (Folsomia candida), de manera que las hifas del hongo penetran en su cuerpo y absorben el nitrógeno almacenado en sus proteínas, el cual es cedido a las raíces de los pinos, para beneficio de todo el ecosistema.

            Los Cerezos silvestres (Prunus avium) tienen en los pecíolos de las hojas un par de glándulas que segregan un jugo azucarado, similar al néctar de las flores, que atrae a su copa a las hormigas, las cuales libran al árbol de las orugas que devoran sus hojas. Pero los planes del cerezo no siempre salen como él pretende, ya que las hormigas, ávidas aún de más néctar, también protegen y pastorean rebaños de pulgones (áfidos), para absorber el exceso de agua azucarada que estos insecto extraen de la savia del cerezo.

            Algunos troncos huecos o en proceso de putrefacción son colonizados por hormigas de la madera que roen la madera podrida y con ella construyen nidos que parecen de cartón, empapan las paredes con el líquido azucarado que secretan los pulgones, sobre este sustrato crecen los hongos, cuya red de filamentos da estabilidad al nido. Innumerables especies de escarabajo son atraídos por la podredumbre que se encuentra en el interior del agujero. Debido a los años necesarios para el desarrollo de sus larvas necesitan unas condiciones estables a largo plazo, es decir, árboles que tarden siglos en morir. Como pasa con el Escarabajo ermitaño (Osmoderma eremita, 2ª foto), recientemente estudiado en los viejos robles del Parque Natural de la Sierra de Cebollera (La Rioja), pudiendo vivir en el mismo árbol varias generaciones de este escaso y raro coleóptero, ya que los adultos sólo vuelan unos pocos centenares de metros, como mucho, y tampoco les gusta caminar.

            Algunas plantas herbáceas, como la Hepática (Anemone hepatica), también son muy fieles a los lugares en los que viven, en zonas frescas y húmedas del umbrío suelo de bosques maduros longevos, con al menos un siglo de persistencia continuada en condiciones estables, ya que sus semillas se propagan con dificultad y a escasa distancia.

            Si bien, hay que destacar el hecho de que, aunque funcionan a plazos temporales mucho más largos que los que rigen las vidas de los seres humanos, los ecosistemas forestales evolucionan de manera dinámica. La roca desnuda es colonizada por líquenes y musgos que, poco a poco, van dando paso a herbáceas y matorrales. Una vegetación cada vez de mayor porte que, con los residuos que genera y la acción de sus raíces, va formando un suelo cada vez más rico y profundo, creando las condiciones para que puedan llegar los árboles. En la vegetación arbórea también hay especies o formaciones propias de etapas colonizadoras, más heliófilas y frugales, que dan paso a bosques mixtos hasta llegar al máximo grado de madurez y complejidad que permite el clima de una determinada zona, es lo que se ha venido conociendo como “clímax” o bosques climácicos. Una perturbación importante, como un incendio o un movimiento en masa del terreno, puede volver a hacer retroceder el proceso evolutivo y que el ciclo vuelva a comenzar de nuevo. De manera que el paisaje que vemos suele estar constituido por un mosaico de roquedos, pastizales, matorrales y bosques de diferentes tipos que van evolucionando y variando su forma, proporción, composición y distribución, con el tiempo.

            Los retazos que nos quedan de bosques maduros suponen un importante reservorio de biodiversidad, una fuente de propágulos capaces de extenderse hacia zonas colindantes, crear pasillos ecológicos que interconecten otros ecosistemas que dan vida a nuestras montañas, llanuras, ribazos entre cultivos, roquedos, riberas de lagunas y ríos, dunas costeras, etc.

            Como ya hemos indicado antes, el sistema funciona de forma similar a las redes de internet, interconectadas en varios niveles de organización que se entrelazan o imbrican unos dentro de los otros. A nivel de un bosque, vemos la importancia que tienen los árboles viejos que funcionan como los nodos principales de una extensa y compleja red que interconecta numerosos seres vivos que dependen los unos de los otros.

            Los avances en esta materia parecen acercar o difuminar las fronteras que hemos levantado artificialmente entre plantas y animales, pero, sobre todo, están influyendo en nuestra forma de percibir, estudiar, manejar y “explotar” los bosques. Y nos planteamos preguntas como las siguientes: ¿Qué porcentaje del crecimiento en madera anual de un bosque (posibilidad) podemos aprovechar para causar perturbaciones que sean asumibles por los ecosistemas (aprovechamiento sostenible)? ¿Hasta qué punto son beneficiosos o eficaces los tratamientos selvícolas (claras y podas) y las plantaciones artificiales que realizamos? ¿Cómo seleccionar las semillas que utilizamos en los viveros forestales para interferir lo menos posible en la evolución genética de las especies?


BIBLIOGRAFÍA:

            Gran parte de los datos de este artículo han sido extraídos del libro “La vida secreta de los árboles” (ver la portada en la 2ª foto), cuya primera edición se publicó el 25 de mayo de 2015, y cuyo autor, Peter Wohlleben, es un guardabosques alemán que tomó conciencia de que los bosques que gestionaba eran mucho más que una fábrica de madera y animales silvestres para cazar, pescar o fotografiar. Así como del artículo publicado en internet, en junio de 2016, por la investigadora canadiense Suzanne Simard titulado “How trees talk to each other”.

Resuena en el sombrero: "A forest".- The Cure (London (UK), 1979).


martes, enero 16, 2018

ROCK AND ROLL SUICIDE


La otra tarde, escuchaba en la radio una selección de temas de bandas clásicas del rock and roll inglés: Beatles, Rolling Stones, Kinks, Who y Dr. Feelgood. Inmediatamente después, en el mismo programa, pusieron lo último de Jack White, una canción titulada “Connected by Love” que al locutor le recordaba bastante al “Rock and Roll Suicide” que David Bowie sacó en su famoso álbum de 1972 “The rise and fall of Ziggy Stardust and the spiders from Mars”…En  resumen, personas que ya peinamos canas escuchando y hablando sobre músicos no menos veteranos cuando no ya tristemente fallecidos.

En contraste, por la noche, vi en la tele el comienzo de “Operación Triunfo”, un programa seguido con furor y pasión por miles de jóvenes, que a mi me sugirió la pregunta siguiente: “¿Qué atractivo le ven a una competición entre intérpretes de canciones de múltiples estilos compuestas por otros autores? Ciertamente, los temas son muy diversos, si bien la estructura predominante de las canciones casi siempre es la misma: Preludio tranquilo que avanza in crescendo, con una o varias paradas o cambios de ritmo, hasta llegar al momento cúlmen en el que las emociones se desatan y los cantantes dan rienda suelta a su chorro de voz y potentes berridos, envueltos en miradas intensas, gestos y poses estudiadas que refuerzan aún más la intensidad de los sentimientos, dejando incluso escapar alguna lágrima. Tras la tormenta llega la calma, descanso y final suave que se apaga poco a poco hasta extinguirse en la lejanía o bien apoteosis final.

En mi juventud, cuando escuché por primera vez a grupos como Status Quo, Beatles, Echo and the Bunnymen o The Fleshtones, recuerdo que lo que más me atraía de ellos no eran sus habilidades vocales o instrumentales, sino que lo principal era su actitud y su pertenencia a un colectivo, el hecho de que un grupo de amigos se juntaban para hacer su propia música, ya sea compuesta por ellos mismos o para recuperar, rescatar o reivindicar una música casi olvidada, que se dio en llamar “alternativa”, quizás provenía de varias décadas atrás, pero a nosotros nos sonaba tremendamente vigente, joven y llena de rebeldía.

Por eso, cuando treinta años después, veo a la juventud actual entusiasmarse con el estilo de los antiguos intérpretes solistas, puro sentimentalismo de la vieja música melódica, disfrazado de modernidad por el mero hecho de vestir a la última moda y utilizar cuatro aparatos digitales y efectos electrónicos de vanguardia tecnológica, la verdad es que me cuesta mucho trabajo entenderlo. Aunque ayer, gracias a la radio, he descubierto que David Bowie ya predijo esta evolución, en 1972, con canciones como “Rock and Roll Suicide”, que ha servido de inspiración al genial, impredecible y actual Jack White, en su último tema “Connected by Love”. Incluso, la propia vida, decadencia y muerte (el emblemático año 1977) del rey Elvis Presley anticipó esta evolución del rock and roll y del pop en general que, desde la revolución inicial que supuso centrarse en la colectividad, en el grupo, rebelándose contra las costumbres establecidas, ha ido evolucionando hasta caer de nuevo en el sentimentalismo romántico e individualista de los solistas. Osea una contrarrevolución en toda regla ¿Es inevitable el suicidio del rock and roll? ¿Qué futuro nos espera?

Resuenan en el sombrero: “Rock and Roll Suicide”.- David Bowie (London (UK), 1972); y “Connected by Love”.- Jack White (Detroit (USA), 2018).

miércoles, diciembre 20, 2017

¿QUÉ HA SIDO DEL FUEGO?


Hace muchos siglos, un hombre descubrió el arte de hacer fuego. Al día siguiente, cogió todos los elementos necesarios y se dirigió hacia el norte, donde se encontraban las tribus que más sufrían los efectos del frío glacial. Nada más llegar, les enseñó cómo hacer fuego, así como sus enormes ventajas para la supervivencia. En un par de días, los habitantes ya sabían encender hogueras y las utilizaban para cocinar y calentarse.

Antes de que tuvieran tiempo de darle las gracias al maestro, éste ya se había marchado. No estaba interesado en recibir agradecimientos ni alabanzas. Sólo quería que la gente se beneficiara del fuego. Y así fue como, poblado tras poblado, poco a poco, su fama empezó a extenderse por el país.

Sin embargo, de pronto se encontró con un gran obstáculo. Los sacerdotes de la época comenzaron a temer la enorme popularidad cosechada por aquel sabio maestro del fuego. Estaba disminuyendo la influencia y el control que tenían sobre la gente. Por esa razón, decidieron envenenarlo. Y los habitantes, desolados, empezaron a sospechar de los clérigos. Para evitarse mayores conflictos, los sacerdotes mandaron hacer un enorme retrato del maestro. Lo colocaron en el altar principal de cada templo y crearon una serie de rituales para honrarlo. Pero ya nadie hacía fuego.

Así fue como cada semana la gente acudía en masa a las iglesias para rendir homenaje al maestro y a los elementos que permitían crear fuego. Las ceremonias se seguían al pie de la letra. Se habían convertido en una tradición nacional. Los sacerdotes recordaban por medio de grandilocuentes sermones los beneficios inherentes al fuego. Y la gente aplaudía y los veneraba. Todo el mundo hablaba del maestro. Y así ha sido desde hace más de dos mil años. A día de hoy abundan las estampitas que ilustran las llamas. Y los cantos sobre el calor y el olor que desprendía. Sin embargo, desde la muerte de aquel maestro, en aquel lugar jamás se ha vuelto a encender fuego.

¿QUÉ HA SIDO DEL FUEGO?

Ama al prójimo como a ti mismo” (Jesús de Nazaret).

Extraido del artículo de Borja Vilaseca, publicado en “El País Semanal”, el pasado domingo 19 de diciembre de 2010.

Resuena en el sombrero: “Build a fire inside”.- Wayward Souls (Suecia, 1985).

lunes, noviembre 13, 2017

DEL EGO A LA ESENCIA




Me ha gustado tanto este artículo, extraído del libro “Encantado de conocerme”, publicado por Borja Vilaseca en enero de 2008, que paso a transcribirlo íntegramente:

El viaje del autoconocimiento consiste en trascender el ego para reconectar con la esencia que verdaderamente somos y donde se encuentra la felicidad, la paz y el amor que equivocadamente buscamos afuera:

Los seres humanos nacemos en la incosciencia más profunda. Ningún bebé puede valerse por sí mismo. Depende enteramente de otros para sobrevivir física y emocionalmente. Tanto es así, que pasarán muchos años hasta que cuente con un cerebro lo suficientemente desarrollado como para gozar de una cualidad extraordinaria: la“consciencia”. Es decir, la habilidad de elegir cómo pensar, qué decir, qué comer, cómo comportarse y, en definitiva, qué tipo de decisiones tomar a la hora de construir su propio camino en la vida.

Y no sólo eso. Dentro del útero materno, el bebé se siente conectado y unido a su madre y, por ende, a todo lo demás. Sin embargo, nada más nacer se produce su primer gran trauma: la separación de dicha unión y conexión con su madre –y con todo lo demás-, perdiendo por completo el estado esencial en el que se encontraba. De pronto tiene frío y hambre. Y necesita seguridad y protección. Para compensar el tremendo shock que supone abandonar el cálido y agradable útero materno, el bebé comienza a sentir una infinita sed de cariño, ternura y amor.

La mayoría de heridas que nos hacemos se regeneran con el paso del tiempo. Curiosamente, el trauma generado por el parto es tan brutal, que como recuerdo nos queda una cicatriz –coloquialmente conocida como “ombligo”-, la cual perdura en nuestro cuerpo para la posteridad. Parece como una señal que nos recuerda aquello que hemos perdido. O dicho de otra manera: aquello que necesitamos recuperar para volver al estado esencial de unión y conexión que en su día todos experimentamos.

Sea como fuere, desde el mismo día de nuestro nacimiento, cada uno de nosotros hemos ido perdiendo el contacto con nuestra “esencia”, también conocida como “ser” o “yo verdadero”. Es decir, la semilla con la que nacimos y que contiene la flor que somos en potencia. La esencia es el lugar en el que residen la felicidad, la paz interior y el amor, tres cualidades de nuestra auténtica naturaleza, las cuales no tienen ninguna causa externa; tan sólo la conexión profunda con lo que verdaderamente somos. En la esencia también se encuentra nuestra vocación, nuestro talento y, en definitiva, el inmenso potencial que todos podemos desplegar al servicio de una vida útil, creativa y con sentido.

EL REGALO DE ESTAR VIVO: “No eres la charla que oyes en tu cabeza. Eres el ser que escucha esa charla”. (Jiddu Krishnamurti).

Desde un punto de vista emocional, cuando reconectamos con nuestra esencia disponemos de todo lo que necesitamos para sentirnos completos, llenos y plenos por nosotros mismos. Entre otras cualidades innatas, la esencia nos acerca a la responsabilidad, la libertad, la confianza, la autenticidad, el altruismo, la proactividad y la sabiduría, posibilitando que nos convirtamos en la mejor versión de nosotros mismos. Es sinónimo de luz. Así, estamos en contacto con nuestra verdadera esencia cuando estamos muy relajados, tranquilos y serenos. Cuando, independientemente de cómo sean nuestras circunstancias externas, a nivel interno sentimos que todo está bien y que no nos falta de nada. Cuando vivimos de forma consciente, dándonos cuenta de nuestros automatismos psicológicos. Cuando somos capaces de elegir nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos, cosechando resultados emocionales satisfactorios de forma voluntaria. Cuando logramos relacionarnos con los demás de forma pacífica, constructiva y armoniosa, tratando de comprender en vez de querer que nos comprendan primero.

También estamos en contacto con nuestra esencia cuando dejamos de perturbarnos a nosotros mismos, haciendo interpretaciones de la realidad mucho más sabias, neutras y objetivas. Cuando aceptamos a los demás tal como son, ofreciendo en cada interacción lo mejor de nosotros mismos. Cuando vivimos en el presente, disfrutando plenamente del aquí y el ahora. Cuando permanecemos en silencio y escuchamos con toda nuestra atención las señales que nos envía nuestro cuerpo. Cuando conseguimos ver el aprendizaje de todo cuanto nos sucede. Cuando sentimos que formamos parte de la realidad y nos sentimos uno con ella. Cuando experimentamos una profunda alegría y gratitud por estar vivos. Cuando confiamos en nosotros mismos y en la vida. Cuando abandonamos la necesidad de querer cambiar el mundo y lo aceptamos tal como es, aportando sin expectativas nuestro granito de arena. Cuando reconocemos no saber y nos mostramos abiertos mentalmente a nuevas formas de aprendizaje.

Del mismo modo que sabemos cuando estamos enamorados, sabemos perfectamente cuando estamos en contacto con nuestra verdadera esencia. No tiene nada que ver con las palabras, la lógica o la razón. Más bien tiene que ver con el arte de ser y estar. Y con la sensación de conexión y unión. Lo cierto es que todos hemos vivido momentos esenciales, en los que nos hemos sentido libres para fluir en paz y armonía, como si estuviéramos conectados con los demás de una forma que supera nuestra capacidad de entendimiento. Al regresar al lugar del que partimos y del que todos procedemos, experimentamos un punto de inflexión en nuestra forma de comprender y de disfrutar de la vida. Empezamos a vivir de dentro hacia afuera. Y por más que todo siga igual, al cambiar nosotros, de pronto todo comienza a cambiar. Sabios de diferentes tiempos lo han venido llamando “la revolución de nuestra conciencia”.

LA INSATISFACCIÓN CRÓNICA DEL EGO: “Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”. (Erch Fromm).

Debido a nuestro complejo proceso de evolución psicológica, desde el día en que nacemos nos vamos desconectando y enajenando de nuestra esencia, la cual queda sepultada durante nuestra infancia por el “ego”. Así es como perdemos, a su vez, el contacto con la felicidad, la paz interior y el amor que forman parte de nuestra verdadera naturaleza. Y, como consecuencia, empezamos a padecer una sensación de vacío e insatisfacción crónicos.

El ego es nuestro instinto de supervivencia emocional. También se le denomina “personalidad” o “falso yo”. No en vano, el ego es la distorsión de nuestra esencia, una identidad ilusoria que sepulta lo que somos verdaderamente. Es como un escudo protector, cuya función consiste en protegernos del abismo emocional que supone no poder valernos por nosotros mismos durante tantos años de nuestra vida. El ego –que en latín significa “yo”- también es la máscara que hemos ido creando con creencias de segunda mano para adaptarnos al entorno social y económico en el que hemos nacido y nos hemos desarrollado.

Así, el ego nos lleva a construir un personaje con el que interactuar en el gran teatro de la sociedad. Y no sólo está hecho de creencias erróneas, limitantes y falsas acerca de quienes verdaderamente somos. El ego también se asienta y se nutre de nuestro lado oscuro. De ahí que suela utilizarse la metáfora de la “iluminación” para referirse al proceso por medio del cual nos damos cuenta de cuáles son los miedos, inseguridades, carencias, complejos, frustraciones, miserias, traumas y heridas que venimos arrastrando a lo largo de la vida. Por más que las obviemos y no las queramos reconocer, todas estas limitaciones nos acompañan las 24 horas del día, distorsionando nuestra manera de ver el mundo, así como la forma en la que nos posicionamos frente a nuestras circunstancias.

Por mucho que podamos sentirnos identificados con él, no somos nuestro ego. Ante todo porque el ego no es real. Es una creación de nuestra mente, tejida por medio de creencias y pensamientos. Sometidos a su embrujo, interactuamos con el mundo como si lleváramos puestas unas gafas con cristales coloreados, que limitan y condicionan todo lo que vemos. Y no sólo eso: con el tiempo, esta percepción subjetiva de la realidad limita nuestra experiencia, creándonos un  sinfín de ilusiones mentales que imposibilitan que vivamos en paz y armonía con nosotros mismos y con los demás. Vivir desde el ego nos lleva a estar tiranizados por un “encarcelamiento psicológico”, al no ser dueños de nosotros mismos –de nuestra actitud-, nos convertimos en esclavos de nuestras reacciones emocionales y, en consecuencia, de nuestras circunstancias.

EGOCENTRISMO, VICTIMISMO Y REACTIVIDAD: “Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos”. (Buda).

Del ego surge el victimismo, la esclavitud, el miedo, la falsedad, el egocentrismo, la reactividad y la ignorancia, generando que nos convirtamos en un sucedáneo de quien en realidad somos. Es sinónimo de sombra y oscuridad. Así, estamos identificados con nuestro ego cuando estamos muy tensos, estresados y desequilibrados. Cuando permitimos que nuestro estado de ánimo dependa excesivamente de situaciones o hechos que escapan a nuestro control. Cuando nos sentimos avergonzados, inseguros u ofendidos. Cuando vivimos de forma inconsciente, con el piloto automático puesto, casi sin darnos cuenta. Cuando nos tiranizan pensamientos, actitudes y comportamientos tóxicos y nocivos, cosechando resultados emocionales insatisfactorios de forma involuntaria.

También estamos identificados con nuestro ego cuando tratamos de que la realidad se adapte constantemente a nuestras necesidades, deseos y expectativas. Cuando nos perturbamos a nosotros mismos, victimizándonos y culpando a otras personas de lo que nos sucede. Cuando nos tomamos las cosas que pasan o los comentarios de los demás como algo personal. Cuando no aceptamos a los demás tal como son, tratando de amoldarlos a como, según nosotros, deberían de ser. Cuando nos la mentamos por algo que ya ha pasado o nos preocupamos por algo que todavía no ha sucedido, marginando por completo el momento presente. Cuando somos incapaces de estar solos, en silencio, sin hacer nada, sin estímulos ni distracciones de ningún tipo.

Seguimos tiranizados por el ego cuando exigimos, criticamos o forzamos a los demás. Cuando nos encerramos en nosotros mismos por miedo a que nos sucedan cosas desagradables. Cuando nunca tenemos suficiente con lo que nos ofrece la vida. Cuando reaccionamos mecánica e impulsivamente, perdiendo el control de nuestros actos. Cuando actuamos o trabajamos movidos por recompensas o reconocimientos externos. Cuando creemos saberlo todo y nos cerramos mentalmente a nuevas formas de aprendizaje.

En definitiva, cuando experimentamos cualquiera de estos sentimientos, podemos estar completamente seguros de que seguimos protegiéndonos tras la ilusión de nuestra personalidad, ego o falso yo, que nos hace creer que estamos separados de todo lo demás. En última instancia, este egocentrismo es el que nos lleva a luchar en contra de lo que sucede y a entrar en conflicto con otras personas, sufriendo de forma inútil e innecesaria. Lo cierto es que detrás del miedo, la tristeza y la ira se esconde agazapado nuestro ego, el cual también es responsable de que sintamos que nuestra existencia carece de propósito y sentido.

LA FUNCIÓN DEL EGO: “El sufrimiento es lo que rompe la cáscara que nos separa de la comprensión”. (Khalil Gibran).

El ego no es bueno ni malo. No hay que demonizarlo. Vivir identificados con esta máscara tiene ventajas e inconvenientes. Más allá de protegernos, cabe insistir en que el ego es la causa subyacente de todas las causas que nos hacen sufrir. Por eso, al estar identificados con nuestra personalidad o falso yo, es cuestión de tiempo que, hagamos lo que hagamos, terminemos fracasando. Porque, tan pronto como alcanzamos una meta, nos provoca una profunda sensación de vacío en nuestro interior, la cual nos obliga a fijar inmediatamente otro objetivo. Nuestro ego nunca tiene suficiente con lo que conseguimos, siempre quiere más. La insatisfacción crónica es la principal consecuencia de vivir identificados con este “yo” ilusorio.

Sin embargo, hay que estar agradecidos al ego por la ayuda que nos brindó a lo largo de nuestra infancia. Sin él, nos habría sido mucho más duro sobrevivir emocionalmente por no decir imposible. De ahí que éste sea necesario en nuestro proceso de desarrollo. Además, gracias al sufrimiento provocado por nuestro ego, finalmente nos comprometemos con cuestionar el sistema de creencias que nos mantiene anclado a él, iniciando un camino de aprendizaje para reconectar con nuestra verdadera esencia. Y esto sucede el día que nos damos cuenta de que la compañía del ego nos quita más de lo que nos aporta.

Por descontado, desidentificarse del ego no quiere decir librarse de él, sino integrarlo conscientemente en nuestro propio ser. De lo que se trata es de conocer y comprender qué es lo que nos mueve a ser lo que somos para llegar a aceptarnos y, por ende, empezar a recorrer el camino hacia la integración. De ahí surge una comprensión profunda, que nos permite vivir en armonía con nosotros mismos, con los demás y con la realidad de la que todos formamos parte. El ego y la esencia son como la oscuridad y la luz que conviven en una misma habitación. El interruptor que enciende y apaga cada uno de estos dos estados es nuestra consciencia. Cuanto más conscientes somos de nosotros mismos, más luz hay en nuestra vida. Y cuanta más luz, más paz interior y más capacidad de comprender y aceptar los acontecimientos externos, que escapan a nuestro control.

Por el contrario, cuanto más inconscientes somos de nosotros mismos, más oscuridad hay en nuestra existencia. Y cuanta más oscuridad, más sufrimiento y menos capacidad de comprender y aceptar los acontecimientos externos, que en ese estado creemos poder adecuar a nuestros deseos y expectativas egocéntricos. Los únicos que podemos encender o apagar este interruptor somos nosotros mismos. Al principio nos costará creer que existe; más adelante tendremos dificultad para encontrarlo. Pero, si persistimos en el trabajo con nuestra mente y nuestros pensamientos, finalmente comprenderemos cómo conseguirlo. Porque, como todo en la vida, es una simple cuestión de adquirir la información correcta, así como de tener energía y ganas para convertir la teoría en práctica, lo que habitualmente se denomina aprendizaje. Aunque en este caso resulta algo más complicado, la recompensa que se obtiene es la mayor de todas.

Yo no puedo más de mí mismo”. ¿Cuántas veces en la vida hemos pronunciado esta desesperada afirmación? Si la observamos detenidamente, corroboramos que dentro de cada uno de nosotros hay una dualidad, dos fuerzas antagónicas –el amor (esencia) y el miedo (ego)- que luchan por ocupar un lugar destacado en nuestro corazón. Lo cierto es que sólo una de ellas, es real, mientras que la otra es completamente ilusoria. El viaje de autoconocimiento consiste en diferenciar entre una y otra, desenmascarando al ego para vivir desde nuestra verdadera esencia.

Hasta aquí el excelente artículo de Borja Vilaseca, extraído del libro “Encantado de conocerme” (enero de 2008, portada en la foto de arriba). Al que, únicamente, voy a añadir mi habitual broche final musical:

Lógicamente, la música popular no es ajena a las ataduras del “ego”, el pop, el tango o el flamenco, entre otros muchos estilos, muchas veces se regodean en el dolor, el sufrimiento y el dejarnos llevar en exceso por nuestras emociones. Sin embrago, también hay excepciones que confirman la regla como este tema de unos de mis ídolos de juventud, “Tears for Fears”, en la que nos recuerdan que es posible y saludable cambiar:

Resuena en el sombrero: “Change”.- Tears for Fears (Bath (UK), 1983).

jueves, noviembre 02, 2017

EL DELICIOSO AROMA DEL EMBUDO DE LA PARÁLISIS




Si me preguntasen cuál es la seta que mejor huele, sin duda alguna diría que la Paralepistopsis amoenolens (Malençon) Vizzini (= Clitocybe amoenolens Malençon), tal y como indica su nombre específico que proviene del latín “amoenus” (agradable) y “olens” (oloroso), su delicioso aroma, muy suave y perfumado, es difícil de describir, a mi me huele a una mezcla entre una colonia suave para bebés con matices florales y afrutados dulces, con un ligero toque anisado, que recuerda a un licor de pera o de endrinas (patxarán), dicen que es parecido al de otras setas, como Inocybe pyriodora o Inocybe corydalina, de olor más intenso, casi desagradable y muy tóxica, así como al del Tricholoma caligatum, pero más suave y delicado. Este Tricholoma sale en otoño en los pinares y es un comestible poco apreciado debido a su aroma demasiado intenso, a perfume oriental y canela. No sucede así con Paralepistopsis amoenolens, que es tóxica y su ingesta produce un extraño síndrome, cuya historia paso a resumir a continuación:

En Japón, a comienzos del siglo XX, se produjeron una serie de graves intoxicaciones tras el consumo de la denominada “seta venenosa del bambú” que, en el año 1918, T. Ichimura describió y publicó por vez primera con la denominación de Clitocybe acromelalga Ichimura (= Paralepistopsis acromelalga (Ichimura) Vizzini, 2012). A partir de las 24 horas de su ingestión, los afectados presentaron fuertes dolores acompañados de otros síntomas en las partes distales de las extremidades, manos y pies, que se mantuvieron durante bastantes días, en no pocos casos semanas, y excepcionalmente meses, sin respuesta a los tratamientos clásicos con analgésicos. En ciertos casos, el difícil control y la falta de un tratamiento eficaz condujeron al fallecimiento de algunos afectados. Finalmente el síndrome se designó como “acromelalgia” (dolor en las partes acras) siendo el causante un compuesto conocido como ácido acromélico (figura 1, Shinozaki & al., 1986; Nakamura & al., 1987; Leonardi & al., 2002; Piqueras, 2004, 2006).


En Francia, en los años, 1979, 1986 y 1996, tras el consumo de setas desconocidas, confundidas con la comestible Paralepista flaccida (Sowerby) Vizzini (= Lepista inversa (Scop.: Fr.) Pat.), se produjeron episodios de intoxicación con cuadros médicos de características similares a los de Japón (Courtecuisse & al., 1999). Inicialmente se consideró que pudieran tratarse de ejemplares de Clitocybe acromelalga Ichimura, pero finalmente el Dr. Philippe F. Saviuc con la colaboración de P. Neville logró identificarlas como Clitocybe amoenolens Malençon (Neville & Poumarat, 1998; Moreau & al., 2001; Saviuc & al., 2001, 2002, 2003; Saviuc, 2004).

Clitocybe amoenolens es una especie poco común, descrita por primera vez como nueva para la ciencia por Malençon (Malençon & Bertault, 1975), quien la encontró en el Norte de África (Marruecos), fructificando durante el otoño en pequeños grupos en los límites o claros de bosques, en suelo calcáreo, con Cedrus libani ssp. atlantica (Endl.) Batt. & Trab., Quercus ilex L. e Ilex aquifolium L., a 1600 m. de altitud. Posteriormente se ha citado de los Alpes Marítimos (Neville & Poumarat, 1998) y del Valle de Maurienne (Courtecuisse & al., 1999) en los Alpes de la Haute-Provence, ambos en Francia. En el año 1999, en Italia, en un bosque de Pinus nigra Arnold y Cedrus spp., en terreno básico (Contu & al., 2001). Posteriormente ha sido citado en diversas localidades de Italia por Leonardi & al. (2002) y Marinetti & Recchia (2005), en bosques de Abeto blanco (Abies alba), como en los ejemplares de la foto de arriba, junto a otras especies.

Clitocybe amoenolens fue encontrada por primera vez en España, en 2009, en la Comunidad Autónoma de La Rioja, en el municipio de Almarza de Cameros, donde ha sido recogida en dos ocasiones por miembros de la Sociedad Micológica Verpa”, en la proximidad de Picea abies (L.) de una zona ajardinada, en terreno calizo. Pocos días después se recogió en la provincia de Guadalajara (Castilla-La Mancha), en suelo ácido (cuarcitas y pizarras), cerca de Pinus pinaster, Cupressus arizonica Greene y Cistus ladanifer L.

A partir de esa fecha ha sido vista en más lugares, como en la zona media de Navarra, en 2003 (?) y 2014, en robledales, encinares y Pinus sylvestris, aunque es evidente que se trata de una especie rara y escasa, motivo por el que carece de nombre vulgar en castellano, si bien en inglés se le llama “paralysis funnel” (embudo de la parálisis).

Agradecimientos: Casi todo el texto ha sido extraído del artículo publicado por Fernando Martínez, Rubén Martínez, Anttón Meléndez y Carlos María Pérez del Amo, miembros de la Sociedad Micológica “Verpa”, en el Boletín de la Sociedad Micológica de Madrid nº 34 (2010).

Hablando de parálisis y setas venenosas que pueden llevarte al cementerio, y teniendo en cuenta que ayer fue Halloween, hoy resuena en el sombrero: “Jugando a las cartas”.- Parálisis Permanente (Madrid, 1982).

martes, octubre 17, 2017

PIRÓMANOS




En este octubre caliente de 2017, España arde tanto por su extremo Noroeste como por el Noreste.

En Galicia, pirómanos forestales se lanzaron a quemar los montes como posesos inconscientes, aprovechando las circunstancias de una fuerte y prolongada sequía, en combinación con fuertes vientos producidos al paso de la tormenta tropical “Ofelia” por la costa atlántica. Si bien el problema no es nuevo, ha sido el estallido de un problema socioecológico que se ha venido gestando durante las últimas décadas, en el que intervienen factores culturales, de propiedad del terreno, promoción de repoblaciones productoras a base de pinos y eucaliptos, economía ligada a los medios de extinción de incendios, etc. Un problema o un “melón” que no se ha querido abrir, afrontar o acometer a su debido tiempo, y los problemas nunca se resuelven solos con el mero paso del tiempo, sino todo lo contrario, siempre tienden a empeorar. Siguiendo con el símil de los incendios forestales, de todos es sabido que cuanto antes se llega a atajar un incendio más fácil es apagarlo.

Algo similar (otro “melón”), pero en el ámbito sociopolítico, está sucediendo en Cataluña, donde, tras décadas de “sequía” de diálogo y con vientos predominantes y sostenidos de gran inmovilismo político, auténticos “pirómanos sociales” han encendido los ánimos, las ilusiones, los miedos, las esperanzas y los sentimientos contrapuestos de gran parte de la población de un territorio. Es evidente que se debería haber actuado hace mucho tiempo, pero llegados a este punto, en mi opinión, habría que haber aplicado el mismo principio de los incendios forestales, es decir, la rapidez, cuanto antes se actué mejor, menos crece el incendio, menores son los daños, los costes y los riesgos, porque nos hemos tirado 4 meses de incertidumbre y tensiones crecientes, y eso tiene un precio económico y social importante. De manera irresponsable e inaudita, se ha jugando a ver quién aparece primero como el malo de la película, un patético y ridículo juego del gato y al ratón, de ver quién es la víctima y quién es el verdugo, para al final, después de marear tanto la perdiz, agotar y desesperar al conjunto de la ciudadanía, terminar aplicando lo que se veía venir como inevitable, esto es la aplicación del famoso artículo 155 de la Constitución.

Porque, vamos a ver, cuando las posturas están tan enfrentadas, el área de consenso o intersección es nula y el desafío a la legislación actual ha sido tan claro y evidente desde el primer momento, pienso que nos podíamos haber ahorrado todos estos meses de tensión e incertidumbre. Cuando un cargo público, como es el Presidente de una Comunidad Autónoma, sale en el telediario de las 21:00 horas diciendo abiertamente que no admite la autoridad del Tribunal Constitucional, perfectamente, al día siguiente, el Presidente Rajoy podría haberle enviado una carta similar a la que le envió el viernes 13 de octubre, preguntándole si se ratifica en su desobediencia a dicho Tribunal, como primer paso para aplicar el artículo 155. O sea, llegamos al mismo resultado pero mucho antes, sin la agonía de todos estos meses, dejando las cosas claras desde el principio, ya sabemos que la bronca y los follones iban a ser inevitables, de todas formas y se hiciese lo que se hiciese, porque es imposible contentar a todas las partes. De acuerdo, el problema no se va a resolver con la “varita mágica” del 155, pero, a estas alturas de la película, es lo que tocaba hacer.

No obstante, pase lo que pase, espero que todo evolucione y se desarrolle lo mejor posible, que a España se le pase pronto esta fiebre que ha hecho arder nuestras dos orejas, tanto la izquierda como la derecha, y que se vayan solucionando todos los problemas, en todas las partes de este agitado y conflictivo mundo que nos ha tocado vivir.

Resuena en el sombrero: “Bad Day”.- REM (Georgia(USA), 2006).