martes, febrero 02, 2016

INTELIGENCIA COLECTIVA PARA LA DEMOCRACIA Y LA JUSTICIA SOCIAL






El profesor del Massachussets Institute of Technology (MIT), Mark Klein (primera foto), lleva los últimos 18 años desarrollando una tecnología capaz de compartir el conocimiento y que posibilite tomar decisiones conjuntas a grandes grupos de personas.

Damos por supuesto que las personas somos egoístas, trabajamos para conseguir dinero para nuestras familias y votamos a quienes pensamos que van a salvaguardar mejor nuestros intereses, pero con el desarrollo de las nuevas tecnologías que han abaratado la comunicación y aumentado enormemente su velocidad de interacción, estamos descubriendo que hay muchas personas que realizan infinidad de cosas con el objetivo de ayudar a otras personas o para contribuir al bien común, es decir se mueven más por amor que por dinero o poder, un ejemplo de ello son todas las personas que colaboran, sin retribución económica alguna, en la “Wikipedia”, una enciclopedia libre, abierta y gratuita que forma parte de lo que se conoce como “inteligencia colectiva”.

La inteligencia colectiva puede definirse como el efecto sinérgico de la colaboración de una serie de individuos que ponen a trabajar su intelecto y sus capacidades para avanzar en el conocimiento y la sabiduría de la colectividad o para el logro de determinados objetivos positivos para el conjunto de la sociedad. Es algo que se da en la Naturaleza, un buen ejemplo son los insectos sociales (hormigas, termitas y abejas), pero también se da en aves y en primates superiores capaces de aprender a utilizar herramientas y transmitir esas habilidades y conocimientos a sus semejantes, creando auténticas “culturas locales”.

Cuando la inteligencia colectiva está apoyada en ordenadores, combinando las partes fuertes, tanto de las máquinas como de los humanos, tenemos lo que se conoce como “computación social”.

En estos momentos el Profesor Mark Klein está trabajando en 3 proyectos: El primero llamado “Deliberatorium” consiste en un sistema para que grandes grupos de personas (cientos o miles) desarrollen juntos unas cuantas ideas profundas y elaboradas, en lugar de un montón de ideas superficiales, que es lo que suele suceder normalmente. Otro proyecto trata de estudiar cómo las masas filtran las ideas para quedarse con las mejores. Y por último, el desarrollo de un sistema para que grupos de personas puedan negociar entre si para llegar a acuerdos sobre problemas complejos.

Evidentemente, la inteligencia colectiva puede ser muy poderosa para la Democracia.

En computación social se ha comprobado que las mejores ideas vienen de los no expertos, cuando interviene gente corriente o expertos en otras materias se obtienen las mejores ideas y las más innovadoras, de manera que se consigue sacar provecho a la sabiduría de la masa.

El teórico de la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard, Yochai Benkler (2ª foto), afirma que la computación social representa una nueva forma de economía que está basada en el amor más que en el beneficio, con lo que se está creando una nueva forma de interactuar entre las personas que es más humana.

Thomas W. Malone (3ª foto), Director del “MIT Sloan School of Management´s Center for Collective Intelligence (CCI)” aporta el dato de que, estadísticamente, está demostrado que las mujeres tienen una mayor capacidad de “inteligencia social” que los hombres, en término medio, si bien entiende que hay que valorar a las personas con independencia de su género, raza o religión, pero, parece evidente que las capacidades de muchas mujeres están siendo minusvaloradas o desaprovechadas en numerosas empresas e instituciones. Lo explica muy bien en la entrevista titulada “Why women make teams smarter”. (El hecho de que este artículo esté ilustrado con las fotografías de tres hombres maduros es mera casualidad y, sin duda, el panorama cambiará en un futuro cercano).

El profesor Mark Klein cree que la inteligencia colectiva acabará teniendo un roll dominante en todos los grandes procesos de la sociedad, desde la investigación hasta la toma de decisiones, pasando por la sanidad o la educación, no cree que las instituciones jerárquicas desaparezcan, aunque el poder estará más compartido entre la gente y las entidades tradicionales, gracias a la inteligencia colectiva.

(Esta entrevista al profesor Mark Klein puede escucharse en el Ipod del programa “Siglo 21” de Radio 3 del día 1 de febrero de 2016, entre el minuto 40 y el 48).

Volviendo a ese paradigma al que suelo recurrir con frecuencia de “los extremos se tocan” y recordando aquella entrada sobre conciencia individual y colectiva, siempre se ha pensado que las personas, como individuos, tienden a comportarse mejor que los grupos, lo cual se refleja en el dicho popular “las personas son buenas el problema son las masas”. Sin embargo, en los ejemplos vistos en la red y las teorías argumentadas por estos profesores universitarios, lo que se trasluce es que, cuando los grupos de personas son enormemente grandes, los intereses particulares de cada pequeño grupo de poder o de presión parecen contrarrestarse entre sí, de manera que el resultado final es una amalgama que refleja los valores humanos que realmente predominan en la sociedad y que, por sorprendente que nos parezca, son positivos. Por así decirlo, los grandes números de la colectividad consiguen disolver o disipar el mal.

Otra consecuencia de estos paradigmas consiste en la posible consecución de una mayor justicia social, ya que, si resulta que una parte considerable de la economía depende de las interrelaciones basadas en la confianza, la colaboración, la afinidad o el amor entre los ciudadanos, más que en el dinero, podría darse el caso que una persona que cobre el salario mínimo interprofesional llegue a ser más rica (en el sentido más amplio pero cuantificable del término) que el dueño de una gran multinacional.

Sin duda es una gran noticia que existan profesores universitarios estudiando, trabajando y profundizando en estos asuntos tan cruciales para el futuro de la democracia y de la Humanidad, esperemos que sus avances y descubrimientos sean desarrollados y no sean ocultados o saboteados por los poderes fácticos que quieren seguir teniendo la “sartén por el mango”.

Resuena en el sombrero: “The Change is Coming”.-Stay (Barcelona, 2012).