miércoles, agosto 11, 2010

FRONDOSAS Y CONÍFERAS







Hace algunas entradas hablaba sobre los prejuicios existentes entre las diversas especies forestales, especialmente entre coníferas y frondosas. Una de las ideas preconcebidas que se tiene, debido a que es cierta en la mayoría de los casos, es que las encinas (Quercus ilex) son más exigentes en cuanto a profundidad del suelo y tienen un crecimiento mucho más lento que los pinos.

Por ello, en nuestro país, la inmensa mayoría de las repoblaciones forestales de carácter protector suelen realizarse utilizando un 60-80% de pinos, en mezcla con un 40-20% de quercíneas y algunas otras frondosas acompañantes, con el argumento de que los pinos, más frugales, de carácter más pionero y colonizador, y con un crecimiento más rápido, sirven de protección para el correcto enraizamiento inicial y posterior desarrollo de las frondosas.

Sin embargo, en algunos terrenos, no se sabe muy bien por qué, las encinas pueden superar en crecimiento a los pinos, tal y como puede verse en las dos primeras fotos tomadas en una repoblación que se hizo en 1994, en Igea, a una altitud de 1.080 metros, en la seca Sierra de Alcarama, en el extremo Sureste de La Rioja.

Lo cierto es que, en esa zona concreta, no se tenía muy claro cuál de las diferentes especies autóctonas de pinos sería la que se desarrollaría mejor, por lo que (como puede observarse en las fotos) se optó por utilizar una mezcla de 4 pinos (Pinus sylvestris, P. nigra, P. pinaster y P. halepensis); pero, por lo que se ve, ni el clima ni el suelo de esa estación son los más apropiados para el óptimo desarrollo de ninguno de ellos, por lo que, a la hora de la verdad, está siendo la adaptable encina la que ha logrado enraizar con éxito, hundiendo su profundo sistema radical en las fisuras de las rocas que subyacen bajo el escaso suelo, sirviendo la competencia con los pinos que las rodean para forzar un crecimiento en altura y un elevado porte con dominancia apical, extraordinarios en las encinas, que, sin duda, se han visto favorecidos por la realización de una inusual y ejemplar poda de las ramas inferiores, así como por haber utilizado bellotas de una procedencia autóctona y próxima al lugar de plantación, para la obtención de unas encinas sanas, vigorosas y perfectamente adaptadas a esa estación.

Muy cerca de la forestación anterior, unos 200 m. más arriba en esa misma ladera, hay otra repoblación más antigua, en la que otra frondosa, concretamente un Pomar (Sorbus domestica), también ha alcanzado un excelente porte y desarrollo, tal y como se aprecia en la tercera foto. Con el aliciente que supone el gran valor que alcanza la madera de esta especie en el mercado, mucho más elevado que la de los pinos con los que comparte hábitat.

A unos 5 km. hacia el Este, más abajo, donde el clima se torna más cálido y aún más seco, en los escarpes calizos próximos a Aguilar del Río Alhama (ver fotos cuarta, quinta y sexta), resulta casi milagroso que pueda vivir un árbol o un gran arbusto, con aspecto de pequeño ciprés y de un color verde tan intenso como la austera y durísima Sabina mora (Juniperus phoenicea). Ésta sí que tiene un crecimiento realmente lento, su madera es dura, compacta, de grano fino, muy resistente al ataque de los insectos y a la putrefacción, de color pardo-amarillento o rojizo, aromática, apreciada en carpintería y ebanistería. Es excelente para quemar y para fabricar carbón, lo que ha motivado que en otros tiempos este árbol fuese explotado en exceso, lo cual ha contribuido, sin duda, a que en la actualidad sean escasos los ejemplares bien desarrollados, tal y como nos confirma Quer, quien cuenta que, en muchas partes de España, no se empleaba otra leña para quemar que no fuese la de este bello y aromático árbol.

Estas tres especies son los tres árboles a los que me refería en la entrada anterior, los cuales habitan, no sólo en las sierras ubicadas en los dos extremos de la Comunidad Autónoma de La Rioja (Obarenes y Alcarama), sino en casi todos los resaltes calcáreos que circundan el valle del Ebro y la cuenca mediterránea en general, siendo también frecuentes en numerosas comarcas de Navarra, Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana, Este de Castilla-La Mancha y Noreste de Andalucía.

A las que habría que añadir una cuarta especie cuya autoctonía en La Rioja está en discusión, como es el caso del sufrido y austero Pino carrasco (Pinus halepensis), pero este será tema para una próxima entrada.

Fotos by Mad Hatter.