lunes, marzo 23, 2009

El Jazz y el Tiempo



Ayer por la tarde, iba conduciendo en solitario a través de las áridas e inmensas planicies de los Monegros, mientras en la radio sonaba una de esas interminables sesiones de Jazz, que van acelerándose progresivamente, ganando en tensión y virtuosismo. Durante un instante, en una recta que parecía infinita, adelanté a un anciano que pedaleaba con parsimonia por el arcén de la carretera, iba sobre una vetusta y anticuada bicicleta, con una gorra de paño con visera, bien calada en la cabeza, para protegerse del sol de la tarde, y una chaqueta y pantalón de pana, para abrigarse de la brisa fresca de marzo.

Sólo fueron unos segundos, en una ruta de cientos de kilómetros, pero durante aquel instante el tiempo parecía haberse detenido, por un momento dejé de escuchar la música de la radio y se coló por la ventanilla el lejano canto de una alondra, fue como un anacrónico lápsus de horizontalidad y sosiego rurales, en medio del abigarrado mundo urbano vertical en el que me había ido sumergiendo, a medida que el acelerado jazz neoyorquino era vomitado por los altavoces de la radio.

Al terminar la pieza, el locutor comentó algo sobre el cuento de Julio Cortázar (en la segunda foto), "El Perseguidor", incluido en el libro "La Armas Secretas" (1959), el cual está inspirado en la vida del músico de jazz Charlie Parker (en la primera foto). En dicho cuento, que para algunos críticos es uno de los mejores que se escribieron en el siglo XX, se expresa de forma magistral la distinta percepción que tenemos del tiempo, la diferencia que existe entre lo que marca el reloj y el tiempo que discurre en nuestras mentes, sobre todo cuando estamos haciendo algo, y en especial la capacidad de distorsión del tiempo que tiene la actividad creadora, que a veces, como sucedía en el caso de Charlie Parker, es ayudada por el consumo de drogas. Esto se refleja muy bien en el siguiente párrafo extraído de "El Perseguidor":

"Te estaba diciendo que cuando empecé a tocar de chico me dí cuenta de que el tiempo cambiaba. Esto se lo conté una vez a Jim y me dijo que todo el mundo siente lo mismo, y que cuando uno se abstrae… Dijo así, cuando uno se abstrae. Pero no, yo no me abstraigo cuando toco. Solamente cambio de lugar. Es como un ascensor, tú estás en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nada raro, y entre tanto pasa el primer piso, el décimo, el veintiuno, y la ciudad se queda ahí abajo, y tú estás terminando la frase que habías empezado al entrar, y entre las primeras palabras y las últimas hay cincuenta y dos pisos. Yo me di cuenta cuando empecé a tocar que entraba en un ascensor, pero era un ascensor de tiempo, si te lo puedo decir así. No creas que me olvidaba de la hipoteca o la religión. Solamente que en esos momentos la hipoteca y la religión eran como el traje que uno no tiene puesto; yo sé que el traje está en el ropero, pero a mi no vas a decirme que en este momento ese traje existe. El traje existe cuando me lo pongo, y la hipoteca y la religión existían cuando terminaba de tocar y la vieja entraba con el pelo colgándole en mechones y se quejaba de que yo le rompía las orejas con esa música del diablo."

También se recordó una de las mejores películas que se han hecho sobre el jazz y la vida de Charlie Parker, "Bird", filmada por Clint Eastwood en 1988.

Por algún motivo, el jazz siempre me invita a filosofar. En otra ocasión, hace años, también por la radio escuché al Dr. Jacobo Muñoz, Catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, decir que no se explicaba cómo es posible que una disciplina de tan honda raigambre en la cultura occidental y tan representativa de la lucidez y la sabiduría de una sociedad, como es la Filosofía, se encuentre en estos momentos tan marginada y alejada de los principales cauces de la cultura. Y lo cierto es que algo parecido también parece estarle pasando al jazz, que se ha convertido en una especie de música clásica, sólo entendida y disfrutada por minorías selectas.

En su libro "Figuras del desasosiego moderno", Jacobo Muñoz hace un repaso del pensamiento crítico del siglo XX y cita, entre otros, al filósofo Th. W. Adorno, autor de la "Teoría Estética", quien en 1955 escribe en su libro "Prismas", refiriéndose al fenómeno de masas producido en la juventud por la música "jazz" (si bien quería referirse a lo que actualmente se conoce como música pop o "popular", en su más amplio sentido), lo siguiente:

"Cosa entre cosas, este arte enkunstet, el jazz, es ofrecido como un bien de consumo ideado para servir de "vehículo psíquico" a quienes, proyectando sobre él emociones o impulsos miméticos, disuelven así, escuchándolo, su yo autónomo. Uno de los objetivos centrales, por cierto, de la gigantesca maquinaria de la industria cultural."

Para Adorno, el arte es el hogar de la verdad, su función es "despertar y mantener vigilante la consciencia histórica de la humanidad", el arte es la antítesis social de la realidad, "el arte es algo social, sobre todo por su oposición a la sociedad, oposición que adquiere sólo cuando se hace autónomo". "La obra de arte veraz rasga el velo de la reconciliación aparente, esa reconciliación que tanto enfatiza la ideología dominante, y precisamente por eso es revolucionaria."

Por eso para Adorno no es arte verdadero "el arte de masas de la industria cultural, ni el arte realista, que es el pseudo-arte que finge la reconciliación entre individuo y sociedad bajo el disfraz de la unidad de la forma y el contenido."

Sin embrago, Walter Benjamin (otro filósofo coetáneo de Adorno) cree posible un uso revolucionario del arte de masas, y considera la necesaria decadencia del "aura" de las obras de arte, al hilo de su difusión y generalización masivas, como un fenómeno histórico no unívocamente definible como negativo.

Adorno considera que el arte refleja el dolor acumulado a lo largo de la historia y que toda actividad creativa conlleva un cierto dolor en el momento de ser realizada, como si de un parto se tratara: "Memoria del dolor y promesa de felicidad, negación determinada y utopía: he aquí la actual fractura trágica del arte, cuyas obras son, en cierto modo, heridas."

Esta línea de pensamiento podría explicar el motivo por el que, generalmente, se concede un mayor mérito y valor artístico al arte minoritario y elitista que al arte popular y de masas, al igual que también suele valorarse más lo trágico que lo cómico, como sucede con los numerosos estilos musicales que tienen su origen en la desgracia y el sufrimiento humanos: flamenco, espiritual negro, blues, tango. A este respecto, un autor moderno de tangos decía que él no considera que el tango sea una música triste, sino que es una música llena de emociones, sensualidad y vida, al fin y al cabo. Lo que sucede es que la vida, para la inmensa mayoría de las personas, suele ser una sucesión de problemas y sufrimientos, en la que se intercalan breves paréntesis de alegría y felicidad. Por lo que el arte que nace del sufrimiento y del dolor es posible que nos parezca más creíble, sincero y auténtico, y por lo tanto nos llega de una manera más profunda e intensa, que aquel otro arte que expresa alegría y divertimento. O quizás sea por el dichoso poso de la cultura judeocristiana, parte importante de la cultura occidental, que hace que en el fondo todos seamos un poco masoquistas.

De lo que no cabe duda es que el arte constituye muchas veces una forma de evadirnos de la cruda realidad, tanto para los creadores que lo producen como para los usuarios o espectadores que lo consumimos. Jacobo Muñoz apunta también esto en su libro cuando cita algunos de los postulados negativos que subyacen en la teoría crítica y en el "arte veraz", entre los que se encuentra lo inexplicable de la realidad objetiva del mundo, que acaba por ser negada. Así Ulrich, el héroe de "El hombre sin atributos" de Musil, interrogado por lo que haría si en sus manos estuviera el dominio del mundo, contesta: "No me quedaría más que abolir la realidad".

Esto me recuerda a aquel LP, "Fleshtones versus Reality", que sacaron a mediados de los 80 Zaremba y sus chicos que, aunque no hacían mucho jazz, son unos auténticos maestros de la evasión y en filosofía de la vida, y en más de una ocasión se han vestido con las clásicas togas que llevaban los grandes filósofos de la antigüedad.

Resuena en el sombrero: Julio Cortázar recitando un fragmento de "El Perseguidor", con música de Charlie Parker de fondo: "Out of Nowhere". Recordar que el pasado 12 de marzo se cumplieron 54 años de la muerte del "Pájaro" (Bird); mientras que el 12 de febrero fue el 25 aniversario de la de Julio Cortázar.

14 comentarios:

atikus dijo...

Clean Eastwood, Jazz y los monegros, decidido, si algún día ruedo un wenstern tú serás mi actor principal, ¿sabras encender un cigarrillo con la barba de tres dias no?

nos vemos vaquero

lateral zurdo dijo...

estoy impresionado! cada vez escribes mejor ... planteate una excedencia por unos meses, deja la rioja y ponte a escribir profesionalmente entre naranjos y arrozales en el delta ...
lo digo en serio.

Mad Hatter dijo...

Bueno "Atikus", barba de algo más de tres días ya tengo y, aunque no fumo, le pediré a Eva que me dé clases de encender cigarrillos al estilo Clint.

Gracias "L.Z.", a mi también me gusta mucho tu forma de escribir. Curiosamente, cuando estoy en el delta no me inspiro gran cosa para escribir, es precisamente al partir de allí cuando me viene la inspiración. No, si al final va a ser verdad eso de que el mejor arte nace del sufrimiento ¡Aigggsssh, qué vida esta!

nancicomansi dijo...

úuuuuuuufffff!!! si QUE HAS VENIDO CON LAS PILAR RECARGADAS ;)

Muy interesante tu texto...JAZZ,filosofía, ARTE...actualmente no queda más que reconocer que , si bien está al alcance de todos (FNACS y demás...)la mayoría sigue prefirienso la distracción a la abstracción profunda...
Lamayoría nos quedamos en la superficie de las cosas, se avanza en calidad sacrifcicando la calidad.
Yo echo de menos u alto, una parada larga y recrearme en rincones ricos de sabiduria sin atender a la sucesión inagotable de novedades que no te aportan nada.

Me encantó eso de un "anacrónico lápsus de horizontalidad".
Muy bonito.

lateral zurdo dijo...

algo parecido decía nuestro querido enrique urquijo. que sus canciones surgían de momentos de sufrimiento que cuando estaba feliz y disfrutando ( por desgracia pocas veces) no se le ocurría ponerse a escribir ...

El futuro bloguero dijo...

En la peli Crossroads, sobre la vida de Willy Brown, interpretada por Ralph Maccio y con aparición final de Steve Vai, el maestro de Blues le dice al joven Maccio que el blues es un hombre con una guitarra y una chica que se ha ido...

Así te inspiras tú a la altura de los monegros, al regresar a casa, dejando el "humo" atrás...

Estoy de acuerdo con atikus, serías un estupendo Clint.

Julio Humo dijo...

Es cierto "Nanci", de vez en cuando es necesario pararse un poco a pensar, pero esta borágine en la que vivimos nos arrastra a todos, pero para eso están los días de asueto y descanso. Aunque creo que hay gente que no sabe "parar", cuando cogen vacaciones es para ir a mil lugares y hacer mil actividades en las que "ocupar" su tiempo, sin darse cuenta que lo que se va quedando desocupada es su mente.

También es cierto "L.Z.". Es innegable que cuando estamos satisfechos no nos esforzamos, en cambio cuando vienen mal dadas se nos agudiza el ingenio. También es por ello una cuestión de pereza y de la ley del mínimo esfuerzo, que es una ley realmente infalible y universal.

¿Y qué pasa "Futuro Crooner" que entonces no puede haber bluesmen homo? Hay que ver lo poco "Clint" que me ha quedado esto. Pero bueno, he cogido la idea y muchas gracias, Mr. Eastwood es uno de mis referentes. Me siento muy halagado.

eva al desnudo dijo...

Es una excelente entrada y la guinda de lujo es ese vídeo con la voz de Cortázar, uno de los grandes, pone los pelos de punta.
Magnífica relación e inspiración.

Bien traído

Julio Humo dijo...

Muchas gracias, musa mía.
Tu última entrada también me ha estremecido lo suyo, sí.

WODEHOUSE dijo...

Bueno, Charlie Parker, grande entre los mas grandes...la cita de "El perseguidor" que nos extraes es demoledora...

Está comprobado que:"arte constituye muchas veces una forma de evadirnos de la cruda realidad, tanto para los creadores que lo producen como para los usuarios o espectadores que lo consumimos".
Para mí son mis pastillas, mis medicinas...aunque no me gusta referirme a la palabra "consumir" aplicada a según qué músicas.

Los 40 principales es consumo, Factor X es consumo, bisbal es consumo.
DDT no lo es. :) barriendo pa casa...no son comida basura.
Un besazo, gran entrada...los Monegros inspiran mucho eh?

Mad Hatter dijo...

Sí "Wode", yo también necesito escuchar música casi como una medicina. La palabra "consumir" quizás no sea la más apropiada, hubiese sido más bonito poner "disfrutar", si bien quería resaltar ese aspecto de producción y consumo. Es cierto que la palabra "consumir" ha adquirido unas connotaciones negativas que constituyen un mal síntoma, porque consumimos todo lo que comemos y bebemos (pasa a formar parte de nuestro cuerpo), la ropa que vestimos (toca nuestra piel), la música que atraviesa nuestros oidos, etc. Consumir no tiene por qué ser malo, el "consumismo" sí que es algo nocivo.
Un abrazo.

Le Mosquito dijo...

Me hizo gracia tu indicación, y para que el lector diferenciemos entre Cortazar y Parker. Digo, me hizo gracia, no que me reí. Me gusta esa exquisita manera de describir, sin prejuicios, sin obviar lo que a algunos podría parecer (nos) obvio. Es un respeto que agradezco, como lector.

"No me quedaría más que abolir la realidad"

Un imposible; un delicioso y lleno de humos imposible, ja, ja, ja...

En cuanto a la "abolición de la filosofía" (y como consecuencia de su desprecio y abandono, que no descrédito) entiendo que revivirá con fuerza, y muy pronto. Volverá en cuanto a los niños se les agoten las baterías de la play (por poner ejemplo ramplón). No sé tanto si el jazz correrá la misma suerte; pues no estoy educado en su escucha y disfrute (supongo que me pierdo algo muy bueno)

Un abrazo, Mad, y gracias por esta entrada, una vez más, documentada y amena.

Mad Hatter dijo...

Gracias a ti, "Mosquito".
En todo tipo de libros de autores españoles, en general, tenemos el defecto de dar por supuesto demasiadas cosas, es como si tuviésemos una aversión atávica a la obviedad y a la reiteración. En cualquier caso, siempre tengo por costumbre hacer una referencia a las fotos que ilustran la entrada, porque supongo que te refieres a eso.
Bueno "Mosquito", tampoco hay que pasarse, no me imagino a los chavales sustituyendo la play por un libro de filosofía.
Es curioso que, siendo de ciencias, siempre me interesó bastante la filosofía. Es algo en lo que a buen seguro ha tenido que ver mi padre, muy aficionado a las charlas filosóficas o sobre temas profundos, así como una profesora que tuvimos en COU que también nos hacía hablar y discutir de los temas en clase.
Yo tampoco soy especialmente aficionado ni conocedor del jazz, pero me parece una música de mucho mérito y de mucho arte, por aquello de la improvisación y por el gran dominio de los instrumentos que demuestran los músicos, y me gusta especialmente escucharlo en la radio, comentado por gente experta como es el caso de "Cifu" de "A todo Jazz" en Radio 3. Radio a la que estoy enganchado (supongo que ya lo habréis notado) y que hace una estupenda labor cultural.
Saludos reiterativos.

Le Mosquito dijo...

En cuanto a la referencia a las fotos, sí, a eso me refería.

Claro que no hay que quitarles la play de las manos -ya tuvimos demasiados años de imposiciones y censuras-, pero sí sugerir, y facilitar, dejando a su alcance, alternativas tan divertidas como la play.(stop)
Abrazos.